Gastón Baquero: una relectura

bitácora

Una evocación a Gastón Baquero, poeta y ensayista de Banes exiliado en Madrid desde marzo de 1959. Baquero integró el grupo Orígenes y fue candidato a los premios Príncipe de Asturias (1988) y Cervantes (1992). Murió en 1997, habitaba una residencia para ancianos en las afueras de Madrid


eliécer almaguerEliécer Almaguer es poeta y reside en California, Estados Unidos


Gastón Baquero me ha acompañado por estos días más que ningún otro poeta. Quiero decir, he estado revisitando su obra una y otra vez. Puedo asegurar que mi relectura no está motivada por causa de ese enfriamiento o congelamiento de, por llamarlo de alguna manera, la situación baqueriana en la isla. Esa sería una relectura muy pobre, muy limitada. Ni siquiera puedo afirmar, no desde la ficción poética, que Gastón Baquero alguna vez haya sido proscrito de los predios literarios en Cuba. ¿Quiénes lo proscribieron? ¿Un grupo de caudillos insanos, una maquinaria feroz que insistiera en verlo como a un Judas? Hay quienes arguyen que se inclinó para recoger las monedas de la traición. No lo creo, pienso que vivió y sufrió, y cometió los yerros y aciertos de todo hombre.

Pero no vengo a cuidar la figura de Gastón Baquero, ¿acaso se impone defenderlo de algo?, ¿está acusado?, ¿de qué? Es poeta de alturas tales que reina, junto con Martí, Dulce María, Lezama, Eliseo, Fina, Escobar, Novás, y otros bardos, y bastardos cubanos, en lo más encumbrado de la poesía escrita en nuestro país y en lengua española. Forma parte del patrimonio de la isla, tan o más suya, que de muchos que han permanecido en ella para adulterarla. Quiero apuntar, ante todo, que esto no se trata propiamente de un ensayo, no a la manera de las academias, sino de un acercamiento, siempre a través del prisma subjetivo de la poesía, o de la especulación poética, y agregar, además, que el motivo de estas, más bien notas al vuelo, se encuentra sustentado en, extraña palabra, la revisación, o revisión del Paginario disperso que el sello editorial cubano Unión publicara hace tres años. Páginas al vuelo, escritas en los años en que Gastón Baquero fungiera como redactor en el Diario de la Marina, para enjuiciarlas cabría el mismo acento amoroso con que el propio Baquero juzga a Martí: hay en Martí un misterio, el de la magnitud de su obra, cuantitativa y cualitativa, confrontada con la brevedad de su vida, en la carta más de circunstancia, como en la página literaria mejor cuidada, Martí ponía un estilo de calidad, un sello de rigor.

Gastón Baquero jamás estuvo exiliado, no puede exiliarse a un hombre capaz de sentir y vivir con tanta armonía el prodigio asombroso del mundo. Baquero, especie de Barquero que cruza a los seres de una orilla a la otra, como el Siddhartha en la novela de Hesse, habitó en la otra parte, estaba más allá de cualquier frontera

Cierto que la vida de Gastón Baquero no fue breve, ni tan pródiga su escritura, pero sí de una ética y estética de profundas raíces martianas. Tampoco salió a ofrendarse como hiciera el apóstol: ¿amaba tanto nuestro Martí a la muerte que corrió a desposarse con ella, a anillarse con su anillo de hierro final? ¿O solo anhelaba demostrar que también podía ser el hombretón de guerra, curtido en la batalla, émulo de los grandes generales en campaña, y lo mataron sin disparar? Quizás no podían esas manos de santo, esas cristianas manos mancharse con la sangre de la humanidad por la que él había venido a entregarse. Alguien recogió de la tierra el bultico de sangre que quedó del apóstol.

¿No sabíamos que los poetas viven por nosotros aquella extensión de la vida que nosotros nos negamos a vivir, o no sabemos vivir? No lo sabíamos, digo yo, y, seguimos en la oscuridad, olvidamos porque es conveniente sepultar el alma de un poeta, un alma que no se acomoda, que no asiente, viene y espeta en el rostro asustado del hombre verdades terribles, un ser que rasga en las tinieblas, escarba en lo más hondo y expone a los farsantes, exhibe a los opresores en su desnudez, los deja como a reyes de fábula que van desnudos imaginándose forrados con las mejores galas. Andan en cuero los tiranos creyéndose arropados frente al escarnio de la multitud, y les ve el poeta el alma maculada y temblorosa, (los cala sin sus aterradoras corazas), la cabeza rapada y vacilante.

Pero, volvamos a Baquero, retomemos el estambre finísimo de estas Páginas dispersas, oigamos el tono armonioso con que habla de otro poeta: Zenea tiende una mano pálida, una mano de cera, fina, temblorosa, limpia, hacia su flor predilecta. Compañera de su soledad, es en su minúsculo cuerpo una elegía, un poco de nieve, un diálogo delicadísimo con la tristeza. Es la azucena. Esa flor que sabe ser al mismo tiempo, flor y estrella, tan severa, tan digna y luego tan resplandeciente. Contemplando esta azucena entre la penumbra de la tarde, parece que nieva. Toda la albura contenida en la flor, toda la nieve inmovilizada y geometrizada allí, comienza a desperezarse y a fluir. Una azucena puede transformar los espacios de un alma melancólica en infinitas alfombras de un mundo recubierto de nieve. Mirad a Zenea metido en su urna de nieve, nevándole el alma y arropándose en mantos de cristalinos copos. ¿Sabrá que existe el sol? Dudemos. Porque cuando sale de su rinconcillo luminoso, y echa a andar, lo que busca es la orilla de un lago. Ahora va con su flor nevada en la mano, con su cabello reluciente por el iris de los copos, moviéndose despaciosamente, lánguido, triste, dormido casi. ¡OH sombras queridas!, ¡OH muertos!, ¡OH gimientes sauces! Y junto a él, nieve suprema en la espuma del lago, un cisne.

¿Puede alguien morir si deja escrita semejante belleza, si dotó al mundo de flores desconocidas, si vibró dentro del idioma que tanto amara, y veneró a los poetas de su tierra con tamaño ardor?, esa isla que soñaba desde la otra parte. Gastón Baquero jamás estuvo exiliado, no puede exiliarse a un hombre capaz de sentir y vivir con tanta armonía el prodigio asombroso del mundo. Baquero, especie de Barquero que cruza a los seres de una orilla a la otra, como el Siddhartha en la novela de Hesse, habitó en la otra parte, estaba más allá de cualquier frontera, de eso que los hombres llamamos nuestra patria, su patria fue el lenguaje español, el país de las magias e invenciones.

Encontraremos en estas Páginas dispersas un magistral ensayo en tono premonitorio donde Baquero nos habla acerca de la muerte de Vicente Huidobro, otro poeta que le fue muy entrañable, escuchemos las palabras y ensalmos que le dedicó, las mismas palabras y ensalmos que hoy podemos recitar pensando en los fulgores del alma baqueriana:

Disminuye al mundo una ausencia de esas, achica la estatura siempre en declive del género humano, la partida de los seres que sirven por fatalidad la industria de engrandecer y lanzar hacia los astros las fronteras de la tierra. El poeta echa abajo las oscuridades del mundo, toma de la mano a los hombres-niños, despojándoles del miedo y les dice, les da las palabras, para que comprendan un poco el dibujo caótico del cosmos. Un enloquecido, un pobre suicida que renace todos los días es el poeta: golpea su cabeza contra los grandes muros, destroza el lenguaje para que la lluvia de palabras nuevas renueve la gastada y estéril concepción habitual de los sentidos y del espíritu. Un poeta verdadero no cabe en este mundo, Horacio daba comienzo a su grandísima oda a la poesía diciendo que si esta le concedía sus favores él tocaría con su frente las estrellas.

Gastón dialogaba en sus tardes de insomnio melancólico, contemplando el manto dorado de la virgencita, luego se hacía de su pluma viviente, su pluma tan alegre como la de ese San Miguel arcángel del idioma, y bañaba la opacidad del mundo con nuevas claridades, diafanidades del principio de los tiempos

Gastón Baquero tocó con su frente las estrellas, regresó al mundo porque prefería estar junto a los hombres, aún a sabiendas de que no cabía en él, conversar en la penumbra con el viejo Eliseo, ahora ya conversan en la penumbra tranquilamente, unidos por una patria más vasta, no acorralada por fronteras ni restricciones de idioma, una patria donde la torre de Babel fue demolida y el poeta escucha los versos de sus congéneres por los altoparlantes del cielo. En esa patria tiene un lugar junto a Cervantes, el padre del idioma, y Cervantes le hace un guiño, le hace un guiño cómplice porque sabe que en el cielo se anularon las distinciones, ya no hay padres, ni hijos, todos son padres e hijos a un tiempo, y madres de las criaturas que la naturaleza no les permitió concebir. Tampoco hay tiranos en el cielo, si es verdaderamente el reino de justicia y de luz se les da un salvoconducto, no para el infierno, es sabido por los hombres de bien que no existe tal cosa, así que van a un centro de reeducación estelar para que aprendan a ser menos tiránicos, y dejen a los poetas el supremo goce de seguir velando por los bienes íntimos del hombre. Cervantes guiña un ojo a Baquero. Sancho está entre ellos. Sancho se exprime una chinche celestial de su cuello mientras los dos hombres dirimen en la eternidad.

También junto a Cervantes y Baquero se encuentra Don Francisco Quevedo, Don Francisco que escribía con una pluma de hueso, y ha trocado su pluma de hueso de muerto humano por la pluma de un ángel. Y junto a Cervantes, otro Cervantes niño, el niño con quien Gastón dialogaba en sus tardes de insomnio melancólico, contemplando el manto dorado de la virgencita, luego se hacía de su pluma viviente, su pluma tan alegre como la de ese San Miguel arcángel del idioma, y bañaba la opacidad del mundo con nuevas claridades, diafanidades del principio de los tiempos. Con alegría escribió Baquero y con alegría vivió su vida. En una vida existida para la inteligencia no caben amarguras ni resentimientos. No cabe una república de lobos, de gente que anda rampando por descampados en busca de su trozo de carne palpitante, y que llega a conseguirla casi siempre a costa del cuerpo del hermano. Y esa carne, la de Abel, que no alimenta.    

10-gaston-baquero

Gastón Baquero en 1993.

Jamás se alimentó Gastón Baquero de la carne de su hermano, fue como José Martí, cristiano, redentor por vía de obra y palabras. Por vía de la Palabra inocente, la Palabra niña que gateaba en el inicio de los contornos de la tierra. El verbo encarnado que delineó los espacios y separó agua y tierra, y colocó lumbreras infinitas en el mundo para que los hombres no erraran su camino. A eso dedicó su vida Gastón Baquero, nuestro poeta, nuestro amigo, nuestro semejante, a sembrar lumbreras de amor infinito para que los hombres, los ciegos hombres, no erráramos el camino de la redención.


Eliécer Almaguer obtuvo el Premio nacional de poesía Adelaida del Mármol en el 2012 . Tiene publicados los poemarios Canción para despertar al forastero (La Luz, 2011), Si Dios voltease el rostro (Cáritas, 2011), La flauta del solitario (Ediciones Holguín, 2013) y el cuaderno Distorsiones del shamisen se encuentra en proceso de publicación por el sello editorial Aldabón. Reside en la ciudad de Santa Ana, California, Estados Unidos.

Foto de A. P. Alencart, tomada en 1993. En: http://www.crearensalamanca.com

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s