Amigos migrantes

registro de un observador

No hay cubano sin anécdota que contar sobre la migración. Amigos, familiares y conocidos que se alejan de forma transitoria o definitiva dejan en quien permanece en la isla una sensación de vacío, confusión y soledad. 


amaurisAmauris Betancourt Gómez vive en Holguín


No olvido la olla de arroz congrí preparada casi en vano, porque no obstante nos alimentó varios días. La abundancia justificaba el fin. Mi amigo tenía fama de comilón, o como acá decimos: de cuarto bate. Era el año 2000. Entonces emigrar no representaba el anatema ideológico de años atrás, cuando viajar confería el título de “ejemplo paradigmático” para la sociedad, si regresabas, o ipso facto pasabas a ser “escoria” si no volvías.

En tiempos de transición los fantasmas del pasado deambulan en la psiquis colectiva. Hay cosas que para lograrlas “debían de andar ocultas”. Mi amigo, con pretexto de intercambio académico, viajaría; no dijo que se quedaba, al menos no directamente. Para inferir resulto de poco fiar. Solo después lo deduje en aquel abrazo. No le hizo saber a nadie. Tal vez no se lo hubiera propuesto.

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Mi amigo procedía de castas ligadas a la oficialidad, pero era de ese tipo de gente de verdadera y honesta extracción humilde. Muchas veces los hijos se parecen más a su generación que a sus padres. ¡Y eso cuesta trabajo admitirlo! Llegó, sorteó obstáculos, temperaturas y situaciones desconocidas. Se asentó. Aclimatarse tuvo sus costos. Volvió, de visita por supuesto. Lo hizo “según lo establecido” para navegar, digo: visitar sin inconvenientes.

Mi otro amigo, el segundo, fue más explícito. Ya había ido y retorna’o y un buen día sin rodeos me dijo: “cuando vuelva me quedo”. Los tiempos cambian. Poco después, Facebook mediante,  me comunicó que estaba en Colombia, en su frontera Norte. “¿Y qué tú haces ahí?”; mi pregunta fue tonta. “¿Qué tú crees?”, contestó. No hacían falta otras palabras. Solo atiné a decirle que por favor se cuidara y le deseé suerte.

patria-es-humanidad_amaurisArriesgó su vida en días y kilómetros interminables; saberlo en su destino me tranquilizó después. Había perdido libras y ganó una barba que le acompañó parte del trayecto. Su familia siempre estuvo al tanto. Hoy tiene lo que quería; se hace camino al andar, como se dice. Muchos esperamos su primera visita.

El tercer amigo se fue de manera legal. Enviaba muchos correos electrónicos en cadena relatando deslices y lapsus tecnológicos. Iba acompañado por su novia y lucharon juntos. Luego se quedó solo y solo siguió y se hizo camino también. Ahora me escribe correos los fines de año, por el día de los Padres y el de la amistad, costumbre que paulatinamente mengua. Pero sigue amigo.

Padeció el amigo de esos amigos la “insoportable levedad del ser” y sufrió las partidas, a sabiendas del desconocido pero deseado y seguro bienestar que no tardó en llegarles tras la larga e inicial incertidumbre. Sucede al emprendedor con ansias de mejoramiento humano; a los que desean y se proponen fines.

Este amigo, una vez y solo una vez, fue y vino –cuando ir y venir no acarreaba matices ideológicos-. Comprende ahora mejor; no necesita explicaciones. No juzgó.

Durante su viaje, el segundo de los amigos le espetó que por qué no se quedaba. Vaciló en responder, miró a los costados, arriba… “¡Oye, habla que estás en Alemania y nadie está escuchando lo que dices!” Eres libre. Insistió en lo que parecía una propuesta.

Padeció el amigo de esos amigos la “insoportable levedad del ser” y sufrió las partidas, a sabiendas del desconocido pero deseado y seguro bienestar que no tardó en llegarles tras la larga e inicial incertidumbre

Esa no era la cuestión. Nunca valoró la posibilidad. Temía quizás, o no había contado con su hijo y el resto de la familia. Había más: podía complicar a los invitantes. Y al retornar, elemental esta pregunta: “¿Por qué no te quedaste so bobo?”

Pero eso no era el tema ya. La reforma migratoria del 2012 está convirtiendo las vivencias, las aventuras y las anécdotas migratorias en duros recuerdos y evocaciones tristes.  Ahora la pelota está en cancha contraria. Cuba no prohíbe, pero la mayor parte de los países decide hegemónica e inexactamente a quienes visan. Lo viví en carne propia.

El amigo de acá trajo al regreso poco para distribuir –porque el cubano también sale para cargar-importar, esa es otra arista del viajero migrante-visitante. Y los kilos y kilos (kg vrs. $) no alcanzaban. Trajo más, eso sí, visiones conceptuales diferentes de paz, libertad, bienestar y respeto. O sea, no mal entiendan: sosiego, autonomía, prosperidad y tolerancia, respectivamente.  ¿Curioso tales adelantos técnico-sociales, verdad?

la-balanza-amaurisPercibir otros modos de vivir que en algún momento fueron llamados nocivos, sorprende: Ver vivir –sin importarle el otro, importándole (hakuna matata o: “vive y deja vivir”), con metas y planes, con convencimiento y deber sociales, frutos de la superación de ciertas etapas materiales- vale.

Superada en alguna medida la política de la manzana prohibida, viajar ofrece paz y limpieza espiritual; ayuda a tener idea de lo que son unas verdaderas vacaciones. Diversifica la cultura. Sedimenta la creatividad. Fomenta el amor  por el terruño natal y universal. Da argumentos y proyección. Migrar es un reto escabroso pero incorpora otro espacio para amar con todas sus ventajas y desventajas.

Traspasar los límites de la Isla consigue, para bien o mal,  corroborar de primera mano las historias contadas ¿Por qué moldearlas a capricho o visiones puntuales?

El amigo de los amigos nunca juzgó las mudanzas a pesar de que sí las padeció. Logró comprender mejor las razones y asimilar el comportamiento y calidad de la amistad en medio de las distancias. Cotejó la esencia de la migración como proceso histórico y natural, apartado de dogmas políticos impuestos y prejuicios socializados, diferente al contar del otro hegemónico.

dm-2013-EMIGRATION_amauris04Guarda afecto, respeto y admiración hacia el filólogo tracatán (asistente del jefe), el fotógrafo constructor y el ingeniero devenido calculador digital de la misma manera que a aquellos migrantes a bordo de las Tres Calaveras españolas o del Mayflower. Ellos, insatisfechos o empujados por el entorno resolvieron entregarse al dios Poseidón y asentarse en parajes nuevos, acompañados siempre en el pensamiento de los que se quedaron atrás, quizás esperándolos y forjando un futuro ¿Qué eran, qué fueron? No importaba; importa menos hoy.


Amauris Betancourt Gómez se considera “un guajiro universitario” que convierte su hobby en profesión tras recibirse en filología inglesa. Lee para viajar; viaja para aprehender; fotografía para fijar. Se desempeña como guía turístico pero sueña con la docencia y el fotoreporterismo.

Fotos del autor.

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