“Solo aquel que ha soñado (a veces desproporcionadamente), aquel que aspira a moverse en otras libertades, insiste en partir.”


Entre los textos que ofrecemos en el presente número (nosotros tenemos pensamiento de Gutenberg aunque nos movamos con herramientas de Bill Gate: número uno, segunda actualización) alcanza esperado protagonismo un tema que pudiéramos catalogar como cardinal para cualquier viajero, aunque cobra significación especial para los viajeros de las islas: la salida, el arranque, el partir.

En el caso cubano, como bien dice uno de nuestros colaboradores, desde la reforma migratoria de 2012 el gobierno no prohíbe las salidas; aunque vale acotar que, para la mayoría de los ciudadanos allí, de por sí las salidas ya son prohibitivas sin que siquiera se urja de autorización.

Tal vez lo del visado sea incluso problema menor, y hasta casi insignificante porque luego de conseguir el dinero, luego de juntar lo necesario para salir si una persona cualquiera lo piensa un poco probablemente prefiera seguir sobreviviendo con el monto con tal de ahorrase sacrificios con burócratas y transportistas si el viaje fuera, para decirlo a lo madrileño, de cercanías. Solo aquel que ha soñado (a veces desproporcionadamente), aquel que aspira a moverse en otras libertades, insiste en partir.

Y ya ni hablamos  de obstáculos geográficos, que devienen estorbos mentales, porque para el cubano, lo decimos por experiencia, moverse cinco kilómetros, dos o tres es a veces una aventura como la del que se sumerge en el Amazonas, el que atraviesa La Pampa o aquel que cruza el Canal de la Mancha para alcanzar Londres la idolatrada. Y es también mucho peor, aunque a un mexicano de la clase media le resulte imposible un viaje a China y una periodista española crea que unos cuantos kilómetros al norte se está demasiado lejos.

Porque la salida, sobre todo la salida de quien vive en una isla, representa en sí misma un ejercicio de liberad, se ha librado uno de la tiranía del agua por todas partes y se deja engullir el viajero por el misterio de la tierra firme. Por eso es importante moverse, algo que saben y hacen con frecuencia los que habitan los continentes y penínsulas, los que en islas menos aisladas suelen vivir.


 

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Kilómetro 1: Partir sigue siendo el problema

editorial, Sin categoría

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