Reinaldo Arenas: el escritor

bitácora

Ediciones La Luz impulsa desde 1999 el concurso Celestino de cuentos, homenaje de los jóvenes artistas cubanos al escritor Reinaldo Arenas. Desde la editorial ahora se prepara también el libro La mirada del ingenuo: Celestino antes del alba, escrito por la investigadora Yailén Campaña, particular lectura desde la ciudad que habitara y tratara con lógico desprecio el escritor exiliado en 1980


yailén campañaYailén Campaña Cisneros vive en Holguín


Todo hombre se parece a su dolor.
André Malraux

Reinaldo Arenas Fuentes nació en Los Lirios, comunidad rural de la antigua provincia de Oriente hoy perteneciente a Holguín, el 16 de julio de 1943. Al poco tiempo la familia se trasladó a Perronales, lugar desamparado, primitivo y remoto donde transcurre su infancia en la casa de los abuelos maternos (Antonio Fuentes Solís y Antonia Rodríguez Bruzón -Toña), rodeado de tías solteronas o abandonadas como su propia madre. Vivencias y supersticiones colman su mente de niño de campo mientras reprime el despertar de una temprana inclinación homosexual que distingue su personalidad introvertida. Eran los años del primer período presidencial de Fulgencio Batista (1940-1944), quien en 1952, cuando Arenas tenía nueve años, dio un golpe de estado al presidente constitucional Carlos Prío Socarrás (1948-1952), iniciando la dictadura militar más sanguinaria de la historia de Cuba apoyada por el gobierno de los Estados Unidos.

La familia se muda nuevamente, esta vez para Vista Alegre, un barrio de la ciudad de Holguín, donde el abuelo adquiere una tienda de víveres, ya Reinaldo tenía doce años. En esta época cursa la primera enseñanza y estudia comercio. De esta etapa son sus primeras novelas  (“¡Qué dura es la vida!” y “Adiós mundo cruel”), influenciadas por las radionovelas de la época, cuyos manuscritos conservaba su madre antes de fallecer. En 1958 decide unirse a los rebeldes de la Sierra de Gibara y durante un año vive bajo las órdenes del Comandante Eddy Suñol. Al triunfar la Revolución, en 1959, Arenas obtiene una beca del nuevo gobierno para cursar estudios de Contabilidad Agrícola en La Pantoja, que comienza a ejercer en la granja avícola William Soler, cercana a Manzanillo.

En 1962 consigue salir de Holguín, ciudad que veía como una inmensa tumba; sus casas bajas similaban panteones castigados por el sol (Antes que anochezca, p.56), para recibir un curso de Planificación en la Universidad de La Habana, adonde llega emocionado y lleno de ilusión por el ambiente cosmopolita de la ciudad. Un año más tarde, siendo trabajador auxiliar de la Sección de Acopios en la administración de granjas del Instituto Nacional de la Reforma Agraria se presenta a un concurso convocado para narradores orales de cuentos para niños con uno escrito por él (“Los zapatos vacíos”) y causa tal admiración en Eliseo Diego –quien entonces dirigía el Departamento de Literatura Infantil y Juvenil de la Biblioteca Nacional José Martí– que termina llevándolo a trabajar a la Biblioteca. Por esa época necesitaba leer como se necesita tomar agua o comer, con más urgencia. Era como si se le fuera la vida en cada libro. Lo leyó todo.[1] Allí escribió Celestino antes del alba, la única obra completa que  publica en Cuba.

En 1964 comienza estudios universitarios en Economía y luego en la Escuela de Letras, pero no los concluye. Al año siguiente un jurado conformado por Camila Henríquez Ureña, Virgilio Piñera, Alejo Carpentier, José Antonio Portuondo y Félix Pita Rodríguez le otorga la primera mención en el concurso Cirilo Villaverde de la UNEAC –que premió Vivir en Candonga, de Ezequiel Vieta– por la novela antes mencionada. Presenta El mundo alucinante, su segunda novela, al mismo concurso un año más tarde y recibe una mención honorífica, solo que esta vez el jurado –que reunió a los mismos representantes del certamen anterior, exceptuando a Camila Henríquez Ureña– decide dejar el premio desierto. Este libro, que recrea la vida de fray Servando Teresa de Mier, fraile mexicano del siglo XVIII, es considerado su mejor novela y recibió en 1969, en Francia, el premio a la mejor novela extranjera, además de que fue sacado subrepticiamente de la isla con la ayuda de sus amigos Jorge Camacho y su esposa Margarita, quienes logran publicarlo en Editions du Senil. Anteriormente, Reinaldo le había enviado Celestino antes del alba a Severo Sarduy, editor en dicha editorial, pero la novela fue rechazada. Todo esto le trajo problemas con la máxima dirección revolucionaria, agudizados por sus vínculos con la floreciente subcultura homosexual de La Habana.

En los años sesenta se tomaron recias medidas contra los homosexuales porque no se creía que pudieran reunir las condiciones de un verdadero revolucionario y esta inclinación sexual quedaba definida como patología social en el Congreso Nacional de Educación y Cultura celebrado en 1971, donde se deja claro que no debían admitirse ni propagarse tales prácticas en la nueva sociedad revolucionaria. La Revolución cubana logra el poder cuando internacionalmente la homosexualidad era severamente reprimida en el llamado mundo desarrollado y un tabú incalificable en la conciencia machista del Tercer Mundo, basado en el dogma religioso. Muchos fueron enviados a las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción, creadas en 1965 y eliminadas dos años más tarde), página oscura de la historia de nuestra Revolución que se analizó y corrigió en el profundo proceso de crítica, debate y rectificación de errores efectuado en 1986. Pero ya desde 1975 la Corte Suprema Cubana había invalidado la Resolución Número 3 del Consejo de Cultura, que implantaba las declaraciones contra homosexuales del Congreso Cultural de 1971, como las limitaciones de empleo en el arte y la educación debido a la influencia que pudieran ejercer sobre los jóvenes. Además, en 1979, el nuevo Código Penal despenalizó la homosexualidad.[2]

En 1967 Arenas comienza a trabajar en el Instituto Cubano del Libro como editor, donde permanece hasta 1968, cuando pasa a La Gaceta de Cuba. Dos años después lo envían al central Manuel Sanguily, en Pinar del Río, por su “conducta impropia”. Es allí donde escribe su poema “El Central”.

En una ocasión, Arenas le solicitó a la UNEAC un cuarto porque la situación en la casa de su tía se le volvía cada vez más difícil. Para conseguirlo se casó con la actriz Ingrávida González, pero ni de esa forma pudo obtenerlo. La carta de petición se alude en uno de sus poemas más hermosos: “Mi amante el mar”. Por estos años prepara el volumen de cuentos Con los ojos cerrados, con el que obtiene en 1971 una nueva mención del Premio UNEAC que le publicó la editorial uruguaya Arca en 1972 con la ayuda del crítico Ángel Rama. Acto verdaderamente agravante en una atmósfera saturada por los acontecimientos del conocido “caso Padilla”. Este mismo libro se reeditó diez años después en España con el título Termina el desfile, tomado del último cuento.

En el verano de 1973 es encarcelado bajo la acusación de abuso sexual de menores, pero escapa de la prisión y logra permanecer escondido. Esa era su situación cuando decide  escribir la autobiografía póstuma Antes que anochezca, título consecuente con las circunstancias en que escribe: antes que acabe la luz del día. Es atrapado en 1974 y permanece en prisión hasta 1976. En estos dos años fue trasladado varias veces del Castillo del Morro a La Cabaña. En las difíciles circunstancias del encierro intentó suicidarse varias veces, acto sobre el que escribió después: En realidad no voy a decir que quisiera morirme, pero considero que cuando no hay otra opción que el sufrimiento y el dolor sin esperanzas, la muerte es mil veces mejor […]. Siempre he considerado un acto miserable mendigar la vida como un favor. O se vive como uno desea, o es mejor no seguir viviendo.[3] Ya en libertad regresa a Holguín con su familia durante un verano en que sufre la muerte de su abuela.

Desde que escapa de la prisión a Arenas se le señaló como un escritor que no aceptaba los programas de la Revolución mientras convertía su vida en una lucha frenética por escribir. La literatura es su instrumento de supervivencia, a ella se entrega como un principiante, así lo reconoce en una entrevista:

Para mí el oficio de escritor es algo que siempre se está iniciando. Cuando uno se enfrenta con la hoja en blanco está totalmente solo, está empezando de nuevo, aunque interiormente se hubiese escrito una docena de libros. El acto de escribir es siempre un acto de improvisación (de inspiración); por eso todo escritor siempre, ante la nueva obra es un principiante; de ahí su originalidad. Todo libro es siempre para su autor una aventura deliciosa y terrible, desde mucho antes de llevarse al papel está como fermentando en nuestra imaginación, hasta que finalmente no queda otra alternativa que materializarlo.[4]

La escritura de Reinaldo Arenas se ubica en la época de formación de una nueva Cuba revolucionaria. Los cambios políticos y sociales crean el momento idóneo para la definición de una nueva sociedad, es una etapa de redescubrimiento y de reescritura de su propia historia. Por lo tanto, el escritor se convierte en un instrumento esencial en la construcción de esa sociedad. La política cultural revolucionaria promueve una literatura documental: la novela testimonio y la novela histórica. Los temas de la obra de Arenas no entran explícitamente en esta línea. En una ocasión en respuesta a la pregunta sobre la relación que le confiere a su literatura con la Revolución dice:

Mi obra, quiéralo yo o no, propóngamelo o no, está relacionada con la Revolución. Es lo que conozco mejor. Sin embargo, siempre he procurado que esa relación no sea demasiado nominal. Con la literatura (y quizá en la vida misma) resultan inútiles las apologías. Me interesa el hombre y escribo sobre él; al presentar sus conflictos doy una realidad, al dar una realidad tengo que referirme a un tiempo determinado.[5]

Reinaldo Arenas incursionó en todos los géneros literarios, su obra está compuesta por novelas, cuentos, teatro, poesía, un volumen de ensayos y su autobiografía. Pero lo más sobresaliente es una serie de cinco libros que denomina Pentagonía, término creado a partir de la combinación de pentalogía y agonía. Este ciclo muestra una representación de la vida cubana prerrevolucionaria y concluye avizorando una época que paradójicamente no llegó a ver su autor. Interpreta la historia de la distorsionada manera en que la ha visto, subrayando la artificialidad de la escritura para contrariar el objetivismo que requiere la novela documental. Textualizada en las obras se encuentra su propia autobiografía, representación repetida que emplea en diferentes libros como método para asegurar de algún modo su permanencia en la tierra; así cada libro se transforma en una metáfora de diferentes etapas de su vida, característica común para toda su obra escrita, como él mismo reconoce:

Lo histórico y lo autobiográfico se mezclan y forman un solo contexto y tal vez un solo libro. Hay como una sucesión de personajes que pasan de diferentes categorías, resucitan, vuelven a nacer, pero existen, porque sus tragedias, sus experiencias, su dolor, vienen siendo, más o menos, el mismo, y, en realidad, forman parte de este texto que yo llamaría un texto total en el cual están los cuentos, los poemas, las obras de teatro y las novelas.[6]

Los protagonistas de estos libros: el narrador/Celestino (Celestino antes del alba, 1964), Fortunato (El palacio de las blanquísimas mofetas, 1969), Héctor (Otra vez el mar, 1969), Gabriel/Reinaldo/la Tétrica Mofeta (El color del verano, 1988) y el último, sin nombre (El asalto, años setenta),[7] son un mismo personaje que lucha contra la represión y la dificultad de expresión. En cada relato el protagonista muere, símbolo de una metamorfosis que lo reencarna en el próximo como nuevo testigo de la superación y la rebeldía frente a los horrores del mundo.

En la narrativa areniana, ejemplo de lo que Severo Sarduy llama “nuestro barroco”, la escritura se convierte en todo menos en forma simple de comunicación. Crea un mundo paródico a través de la carnavalización del contenido de la narración, cuyo “carácter polifónico” se establece por medio de espejos, desdoblamientos de personajes y abundancia de significantes y diálogos. En los textos arenianos, la reiterada presencia del diálogo con el mundo exterior, el intertextual y el intratextual, crean la sensación de una obra espacial. Estas conexiones les dan un aspecto resonante a las obras que provoca que las interacciones entre los personajes adquieran una nueva dimensión.

El erotismo exacerbado y la lúdica imitación burlesca operan como transgresión del natural diálogo entre los cuerpos, mímica irreverente y liberadora. Reinaldo Arenas asegura que el mundo homosexual no es monogámico; casi por naturaleza, por instinto se tiende a la dispersión, a los amores múltiples, a la promiscuidad muchas veces,[8] lo que añade un tono carnavalesco a su mundo y al real con tal proliferación del placer que representa además su necesidad casi compulsiva de sexo.

Arenas centra la atención de su composición discursiva en los sonidos, en el ruido producido por las palabras, precisamente porque ahogan el significado de las frases. A través de este recurso refleja las circunstancias que condicionaron su creación y que resume en esta frase: El ruido siempre se ha impuesto en mi vida desde la infancia; todo lo que he escrito en mi vida lo he hecho contra el ruido de los demás.[9] Este proceso muy barroco de ocultar un significado detrás del sonido de las palabras, hace que el lector se detenga en el signo y trabaje para entender su significado hasta desenmascararlo. Persigue el mismo efecto disimulador al utilizar el humor, paradójicamente, como una forma de expresar la angustia. Uno de los objetivos que lo impulsa para escribir es la posibilidad que este acto le brinda de traspasar los límites, de actuar y decir como prefiera o escoja en un mundo donde gobiernan la fabulación y la ficción.

Durante varios años el objetivo principal de Reinaldo Arenas fue salir de Cuba y finalmente lo logró en 1980, engrosando lo que se conoce como el éxodo del Mariel. Al llegar a Estados Unidos se instala por breve tiempo en Miami hasta que se traslada a Nueva York. Al reencontrarse con Juan Abreu, su antiguo amigo de las tertulias literarias en el Parque Lenin, decide crear la revista literaria Mariel (1983-1985). Desde esa ciudad despliega una intensa labor intelectual. Obtuvo las becas Cintas y Guggenheim, trabajó como profesor visitante, impartiendo cursos de poesía cubana en la Universidad Internacional de la Florida y en la Universidad de Columbia. Por reiterar abiertamente su contraria posición respecto al gobierno cubano enfrenta problemas políticos y económicos, mientras el mundo intelectual universitario deja de invitarlo a impartir conferencias y retira sus libros de algunos cursos.[10]

Durante los once años que vive en el exilio, Arenas reelaboró casi toda su obra y en 1987 cuando le diagnostican el sida se obliga a concluir todo lo que tenía pensado escribir, dedicándole todas sus fuerzas. La desilusión que le provoca el extraño país donde vive, del que nunca llega a dominar su lengua, le lleva a escribir en sus memorias: en el exilio uno no es más que un fantasma, una sombra de alguien que nunca llega a alcanzar su completa realidad; yo no existo desde que llegué al exilio; desde entonces comencé a huir de mí mismo […]. El desterrado es ese tipo de persona que ha perdido a su amante y busca en cada rostro nuevo el rostro querido y, siempre autoengañándose, piensa que lo ha encontrado.[11]

En la madrugada del 7 de diciembre de 1990, ya en la etapa final de su enfermedad y concluida la labor que lo aferraba a la vida: terminar su obra, se suicidó con una sobredosis de drogas y alcohol en su apartamento de Manhattan.

[1] Eliseo Diego, apud Josefina de Diego, “Unos poemas de Eliseo Diego y un cuento de Reinaldo Arenas hallados en el estudio del poeta”, en Encuentro de la cultura cubana, No. 12/13, primavera/verano 1999, p. 98.

[2] Jon Hillson: “La política sexual de Reinaldo Arenas: realidad, ficción y la verdadera historia de la revolución cubana”.

[3] Antes que anochezca, p. 9.

[4] En El Socialista, 25 de agosto de 1968, apud Lourdes Arencibia, Reinaldo Arenas entre Eros y Tánatos, p. 17.

[5] “Literatura y Revolución (encuestas). Los autores”, en Casa de las Américas, año IX, Nos. 51-52, noviembre 1968- febrero 1969, p. 164.

[6] “Humor e irreverencia”, en Encuentro de la cultura cubana, No. 19, invierno 2000-2001, p. 63.

[7] Anoto las fechas en que Reinaldo Arenas comienza a escribir las novelas, pues pierde en varias ocasiones algunos manuscritos que se ve obligado a reescribir. Las fechas de publicación se consignan en los anexos.

[8] Antes que anochezca, p. 90.

[9] Ibíd., p. 203.

[10] Janelle Vega y Ramón García-Castro: “Reinaldo Arenas: una vida carnavalesca”, p. 10.

[11] Antes que anochezca, p. 314-315.


Yailén Campaña Cisneros es licenciada en Letras por la Universidad de Oriente. Además tiene un Máster en Cultura Latinoamericana por el Instituto Superior de Arte de Camagüey. Fue Premio Dador de Ensayo Crítico Literario y artículos suyos aparecen publicados en revistas y páginas digitales cubanas. Es miembro de la AHS.

Foto: Associated Press.

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