Linda ciudad, vejez triste

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Unos 2 400 ciudadanos de la India viven en Argentina, cifra en lento crecimiento desde que llegaran los primeros migrantes provenientes de Punyab hace unos ochenta años.


VME


Según la embajada de la República de la India en Buenos Aires, unos 2 400 ciudadanos de ese país viven en Argentina, cifra en lento crecimiento desde que llegaran los primeros migrantes provenientes de Punyab hace unos ochenta años. Apenas luce significativa la cantidad para una población hoy con 1 324 millones con la cual el país queda ubicado como el segundo más poblado del planeta después de China.

Rey, cuyo apellido omite por parecerle impronunciable para quienes hablan español y con los que mayormente se entiende a diario, proviene también de Punyab, uno de los 29 estados que, conjuntamente con otros siete territorios, forman la República.

“Trabajaba en un colegio. Era profesor de chicos que querían aprender computación”, dice y el dato nos recuerda que la India es una de las potencias mundiales en nuevas tecnologías y desarrollo de softwear. De hecho, muchos de los indios residentes en Argentina laboran con empresas y multinacionales del ramo, mientras otros se dedican al comercio.

A Rey lo conocimos en un negocio de atención directa al público. Así se gana la vida y la de su familia, que trabaja junto a él.

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Elefantes a la venta en las calles de Buenos Aires, animal relacionado con el dios hinduista Ganesha y que simboliza inteligencia y protección.

“Un día mi señora y yo decidimos conocer países de Latinoamérica y visitamos Uruguay, Bolivia, Paraguay y Argentina. Cuando vi Buenos Aires me gustó mucho. Es una ciudad linda, como Europa… tiene cultura. Yo quería quedarme más tiempo, para ver la vida de acá y por esa determinación nos quedamos. Eso sucedió en 2012.”

Antes del viaje había escuchado el nombre de este país y había visto a un grupo de argentinos peleando por la vitoria, cosa que le gustó. “Argentina tiene jugadores de hockey. Muchas veces los vi jugar”, dice: “También sabía de su cultura, bastante parecida a da de los españoles y los italianos”.

Su espacio de trabajo no es de esos  lugares que permanecen llenos de pistas de la cultura de quien allí se encuentra buena parte del día. Pero, basta cruzar la entrada del puesto para comprender que la música salida de su computadora es tradición allá, en la tierra a la que alguna vez volverá. “Siempre escucho música de la India y veo películas. La última que vi era de Bollywood”, comenta.

Como cualquier emigrante, debe responder a diario a quienes por curiosidad intentan saber los motivos por los cuales se estableció tan lejos; entonces advierte que “en India la situación es mucho mejor que en la Argentina, pero la población es demasiado numerosa”. Considera su caso como el de cualquier familia: “siempre hay una o dos personas que se van afuera  para conocer, para trabajar, para estudiar, es parte de la cultura en mi provincia. Por eso estoy aquí”.

Se asombra con algunas costumbres locales que para él, o al menos para los de su tierra, son ajenas y cuestionables: “Allá la gente se casa una vez y tiene familia, acá hay gente que nunca se ha casado. Hay otra cosa que no me gusta en la Argentina: cuando los padres tienen sesenta o setenta años son trasladados a alguna casa para personas mayores. Es una cosa muy triste porque los padres trabajan toda la vida para sus hijos, y te traen las cosas que necesitas.”

Al preguntársele cómo es la situación de los ancianos en su entorno, contesta: “En India, cuando tienes sesenta o sesenta y dos años dejas de trabajar, trabajan tus hijos. Vives con ellos y eres el jefe de la familia. Todos deben consultar con el jefe antes de tomar alguna decisión. Una persona mayor tiene una vida muy digna allá, acá cuando tienes esa edad, pasas a tener una vida muy triste”.

El padre de Rey murió diez años atrás; su madre está vida y lo espera. “Uno de mis hermanos viven con ella”.

En cuanto a religiones, se profesa practicante del Sijismo, una fe originada en Punyab que solo en la India siguen cerca de 200 millones de personas y  que convive junto al budismo, el hinduismo, el judaísmo, el cristianismo, el islamismo entre otras.

“También somos vegetarianos. El mate no me gusta, pero acá tienen aceitunas, que en la India no hay en abundancia. Y aceite de oliva, muy bueno, y de girasol”, sonríe.


Rey, propietario de un quiosco en Buenos Aires.

Foto de Lez.

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