Imaginarias

poesía, trayectos

De su Libro de las conversiones imaginarias, ofrecido por el poeta y ensayista cubano Jorge Luis Arcos, nos fue difícil componer la selección adecuada para los lectores de este magazín. Todos los textos nos parecían propicios, y a todos los queríamos incluir para que nadie se perdiera su fibra. Pero, como no se trata de reproducir el poemario compuesto por versos que escribiera entre La Habana, Madrid y Bariloche a lo largo de unos doce años, aquí esta selección caprichosa y causal. Cinco. Aquí cinco poemas de un maestro que nos honra con sus versos y con quien damos la bienvenida a la Poesía.


IMG_3824.jpgJorge Luis Arcos es profesor en la Universidad Nacional de Río Negro, Argentina.


 

Borra el margen

Borra el margen, el rostro que te alude

la tela del espejo y sobre todo

descorre al fin esa cortina oscura

en tu remota infancia y vuelve a nadar

hacia el confín como un hermoso náufrago

y sé feliz, ninfómana, astrónomo, suicida

rey o Elpénor o aprendiz de animal

y sobre todo sé tú, sé tú, sé tú

aunque seas un astro turbio y perverso

un cometa lujurioso

o nada más

 

De Borges

Entre estas dos posibilidades, escoge una (dijo una antigua voz)

La otra continuará su viaje, como un espejo remoto

que no volverás a mirar, y acaso

es ya la dicha inalcanzable. Cada rostro que pierdes

alude a otro universo, otra posibilidad desconocida

Aquellos senos crecerán como manzanas prohibidas

Esos ojos fatigarán paisajes que no conocerás

Esta mano ¿será la del suicida?

En aquel recodo oculto aprenderás astronomía

Pero ningún camino será mejor que otro

En cualquiera de ellos derrocharás el universo

En cierto sentido tú eres todos y nadie

Eres Ulises y Eumeo y eres la sal del sufrimiento

y esta isla y ninguna, y aquella muchacha

que olvidaste, y un planeta salvaje

y eres el polvo y la arena y el agua

y el fugitivo viento y la perversa nada

y el desierto y la cruz

 

 

Martí  

Dos patrias tengo yo, Cuba y la noche: ¿o son una las dos?

José Martí

  

La patria estaba sola como una sombra, una lámina

como un vampiro cansado o criatura lunar añorando la luz

como una muchacha gótica, una fuente derruida, un sorbito de hiel

una mirada que se escurre, una pistola suicida, un no sé qué

hacer contigo porque no aguardo tu ocaso ni tu lento amanecer

Ah la patria como una isla sin peso sobre la sien

ráfaga, postrimería, caducidad, una mancha en la pared

No tengas miedo. Eso pasa. Cierra los ojos. Respírala

Luego bórrala. Mentira. Sopla el viento. Tengo sed

La patria sin patria, errante, perversa, dura, la fiebre

como el sudor en las sienes que deliran, ávido sexo

caníbal, la luz tan blanca. Al partir. Un desolado interregno

El puentecito de Nietzsche. Toco tus pechos de agua

tus arrecifes sombríos, los restos sobre el mantel

las ruinas de un rostro en ruinas, la opacidad de la fe

Isla, patria, noche oscura. Y la tinta del café

Ay patria, salvaje, ausente, lejana como un placer

dame tus golfos de nada y tus palmas desoladas

tu rostro errante, perdido, el aguacero cerrado

No puedo con tanta sed

 

 

El sol que no miente

a Fina García Marruz

 

Hambre de ti sin ti como un deseo melancólico

Recuerdo que ya declina de colores más brillantes

Sospecha de una mirada no estrenada todavía

Y la esperanza platónica de una carne diferente

 

Oh cuerpo, en ti busco en vano esa huraña melodía

La sed que sacia, la prisa serena, la visión que ciega

Del placer, el corazón, de la nada, la simiente

La luz que borra la belleza absorta de la oscura fuente

 

¿Del otro lado está Dios? ¿Tu propio rostro? ¿La muerte?

¿La profecía? ¿La víspera? ¿La oscura luz? ¡No me tientes

con otro conocimiento! La soledad de la mente

 

La vulva abierta, la nieve que arde, el sol que no miente

Medusa que tiembla, ventosa que abrasa, la culpa inocente

La luz que borra la belleza absorta de la oscura fuente

 

 

Desde el légamo

a Virgilio Piñera

Abro los ojos desde el légamo

Sufro la sombra de altos acantilados

Un tupido bosque me rodea como un cáncer

Un bosque lleno de trasgos, suicidas, astrónomos

poetas muertos

(mi clientela habitual)

Más allá, más allá, en la Comarca del Norte

el rostro de una diosa avasallada

Mi faro de Alejandría

Yo, desde este charco, desde esta ciénaga avara

gozo como un loco, blasfemo como un tirano

Soy el Padre Clítoris, el tabernero lujurioso

El Pene Enano, se burlan mis enemigos

(mis próximas víctimas)

Vivo para el vicio y la caridad

No puedo sufrir más

 


 La imagen que acompaña estos poemas es una obra sin título del pintor cubano Ángel Acosta León (La Habana 1932-1964).

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