Berenjenas fritas con yogur natural

trayectos

“Salir de Cuba no resultó difícil; aunque nunca lo había considerado una opción. La idea de viajar fuera de la isla se manejaba entre los que me rodeaban como una posibilidad casi remota, así que me enfocaba en mi trabajo”.


IMG_4315.JPGIrina Revé es oriunda de Sagua de Tánamo, Holguín.


Vivo en Ras Al Khaimah, que es uno de los siete estados de los Emiratos Arabes; aunque cuando me preguntan hago mención a Dubái; porque es el referente más conocido de los Emiratos y para evitarme rostros de expresiones como: ¿Qué­­?, ¿dónde queda eso? En realidad nuestra “casa” es al sur de Turquía, en una ciudad llamada Antalya.

Salí de Cuba por cuestiones de trabajo, estuve seis meses en el periodo que para ellos es temporada alta en el turismo, el renglón más importante de la economía de esta zona. Entonces conocí a quien más tarde se convirtió en mi esposo. Regresé a Cuba y luego volví de vacaciones  unos tres meses. En otro viaje me instalé, casándome y oficializando mi situación en el país.  Más adelante surgió la oferta para mi esposo para venir a trabajar aquí y tuvimos la posibilidad de establecernos de forma temporal, toda la familia.

Este sitio es bastante lujoso, a veces peca en lo superficial a mi modo de ver. Por causa de las altas temperaturas y la zona desértica las edificaciones son herméticamente cerradas y climatizadas; los centros comerciales, hospitales, escuelas, edificios de viviendas comunes;  puedes sentir  los olores  de las comidas indias en todo el recinto y no puedes colgar la ropa afuera después de lavada porque se llena de arena.

Por otro lado, las vistas son espectaculares: la arquitectura, el mar, una combinación entre dunas e instalaciones de lujo muy bien recreadas, especialmente en el área que comienza a explotar el sector turístico. Cada uno de estos estados tiene un gobernador, le llaman sheikh y es como una especie de rey a quien le sucederá el hijo varón de una de sus mujeres, la que él escoja para que lo sustituya, y así sucesivamente. Tiene derecho de contraer matrimonio con todas las mujeres que desee siempre y cuando tenga el poder económico para mantenerlas a todas por igual.

En tiempos pasados este hábito tenía una explicación, y es que por causa de las batallas morían muchos hombres, las mujeres quedaban al descuido, o sea, sin la protección, el cuidado y sobre todo la manutención económica del hombre; la mujer tenía un roll muy específico en la familia y se le consideraba incapaz de desarrollar otras tareas, era entonces cuando los hombres sobrevivientes podían acogerlas y  desposarlas siempre y cuando pudieran proveerlas de todo lo necesario, así hasta cuatro esposas.

Donde vivo es un área bastante conservadora y radical en la interpretación del Corán y la religión islámica. Las mujeres nativas siempre visten con burkas cubriendo todo su cuerpo, su cabello, su boca y en algunos casos todo su rostro.

Es prohibido que las parejas, aun estando casadas, manifiesten afecto en público, hay incluso anuncios que lo recuerdan, en el caso de los foráneos, las vestimentas deben ser lo más cubiertas posibles, sin ostentar partes del cuerpo.

Existe una combinación interesante entre alta tecnología y tradiciones. El lenguaje común es el inglés, algo positivo porque te permite comunicarte con todos aunque el acento sea bastante particular porque el idioma de los nativos es el árabe y los emigrantes indios, filipinos, egipcios, etc…

Por el tema del idioma, en Turquía me fue mucho más difícil, sobre todo al principio, después, poco a poco fui aprendiendo expresiones básicas y ahora me comunico con mucha más fluidez y puedo explicarme, aunque me cuesta conjugar, por eso les entiendo menos de lo que ellos a mí.

Las personas son cercanas y serviciales y las familias muy unidas. El arte culinario es rico.

Donde vivo en Turquía el clima y el medio ambiente son mucho más placenteros. Las estaciones están bien definidas, el verano es caluroso y en invierno hace frío pero no llega a nevar. El paisaje está coloreado de árboles y en las costas del mediterráneo se respira aire puro y se recrean las vistas. A medida que pasa el tiempo la ciudad va tomando un desarrollo notable.

Las personas son cercanas y serviciales y las familias muy unidas. El arte culinario es rico. Algunos alimentos eran totalmente inaceptables a mi paladar en un inicio, como por ejemplo comer casi todos las comidas complementadas con yogur, al principio era ciertamente desconcertante comer berenjenas fritas con yogurt natural, pero poco a poco he ido adaptando mi gusto hasta preferir sus comidas y bebidas, otras desde el principio las he acogido con receptividad.

En cuestiones religiosas me considero agnóstica, y aunque mi esposo y su familia practican el islamismo jamás he sentido ni la más sutil presión con respecto a mi postura religiosa. Son muy receptivos y respetuosos con mis criterios.

Cierto es que como en todas las religiones hay infinidad de interpretaciones. La familia de mi esposo la practica sin radicalismo. Existen rituales y celebraciones que dicta la propia religión, por ejemplo el Ramadán; pasan un mes, cada año según el calendario del sol, en ayuna total desde que asoman los primeros rayos del sol hasta que se ocultan, no pueden ser ni tocados, porque se trata de tener dominio de tus deseos carnales, tener el poder de mantenerte alejado de las tentaciones. En Turquía se ejerce asumiendo que hay algunos que ayunan y otros que no, pero donde resido ahora ni siquiera abren cafeterías o lugares de consumo público durante el horario de ayuno.

Otra celebración es el festival del sacrificio, en el cual las familias con un nivel económico medio o alto sacrifican animales comestibles para ofrecer su carne a personas con menos recursos y posibilidades.

Por supuesto, mi esposo me explica algunas doctrinas e historia de su religión desde su punto de vista y siempre llegamos o atravesamos un punto donde es imposible ponernos de acuerdo…

Comencé a sentir la sensación de desarraigo la primera vez que salí de casa para la beca, una sensación de naufragio que al principio duele y que con el tiempo y el ir y venir terminas por aceptar, te ajustas en dependencia del entorno y los intereses.

Salir de Cuba no resultó difícil; aunque nunca lo había considerado una opción. La idea de viajar fuera de la isla se manejaba entre los que me rodeaban como una posibilidad casi remota, así que me enfocaba en mi trabajo. La ocasión simplemente surgió.

No pensaba encontrar nada en particular fuera de Cuba, solo surgió el amor y es lo que ha movido mi vida fuera de mi país y lejos de mi familia, pero no siento una identificación como tal por ninguno de los sitios donde convivo, solo me adapto por la nueva familia que he creado; a veces incluso creo que de no ser por mi estado civil y sentimental continuaría en Cuba.

Hasta ahora solo me he dedicado a ser ama de casa y madre, ha sido brusco y difícil el cambio, aunque agradezco que mi esposo trabaja y se ocupa de los gastos y yo puedo dedicarme por entero al cuidado de los niños, con toda la atención que considero demanda esta etapa de mi parte. Obviamente tengo pensado trabajar en algo que se ajuste a mis condiciones. Estoy viviendo una etapa que me tocaba, a mi modo de ver, y deseaba además, y la verdad la estoy disfrutando al máximo.

El cambio más brusco que he experimentado tiene que ver más con  el hecho de vivir en pareja y no precisamente de cambiar de país. Por supuesto que el nivel de vida y las condiciones son diferentes y mejores, se podría decir.

Extraño muchísimo la carne de puerco, y no tengo ninguna limitante en consumirla, solo que me es difícil encontrarla en los mercados o lugares de consumo, tanto aquí como en Turquía obviamente, pero si alguien viene de Cuba, mi encargo prioritario, al menos unos chicharroncitos que no se echan a perder. Mi esposo preferiría que no lo consumiera, lo sé, pero, nada puede hacer.

He conocido personas realmente encantadoras. En Turquía son muy familiares y cercanas y he proyectado  mi cubanía con ellos. Me saluda el que cuida de la seguridad en el mercado que está cerca de casa, la señora que vende las verduras en la feria, los vecinos más distantes. Mi esposo me pregunta siempre: ¿de dónde los conoces?, y le contesto: de aquí, cómo verlos cada día y no saludarlos, dejaría de ser cubana, dejaría de ser yo.

Tours-de-Dubai-con-guía-en-español.jpgEn Dubái mi experiencia no es tan basta con nativos, la mayoría de la gente que he conocido proviene de otros países y están aquí por razones de trabajo como nosotros.

No acostumbro a compararlos con cubanos, después de conocer personas de estos dos países y de otros, he asumido que somos distintos y una esencia noble puede provenir de aquí o de allá.

He encontrado muchos cubanos en mi andar, siempre les hablo de las razones por las cuales estoy fuera de Cuba, o empiezo una conversación cualquiera, cuando escucho a alguien hablar español es música para mis oídos porque es muy inusual, y siempre los abordo, y si son cubanos más aun, hasta he traído algunos donde vivo.

Recuerdo un día, en mi segundo viaje a Turquía, estaba sentada en la mesa a la hora de comer, con mi esposo y su familia y de repente estaban todos hablando, en turco por supuesto, y riendo animadamente y sentí una profunda soledad, no entendía absolutamente nada y comenzó a invadirme una sensación de nostalgia, lejanía, pérdida, y bueno, tuve que ponerme de pie e ir al baño a llorar. Creo que fue uno de los momentos más tristes que he experimentado, no lo he podido olvidar….


La foto fue tomada de organfurcentraldecruceros.com

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