El toro de Osborne

trayectos

“Regresar a mi país y retomar la vida, tanto laboral como cotidiana, fue un proceso que me llevó a filosofar nuevamente sobre el tema de la vida y sus escenarios”.


Attachment-1(1)Ricardo A. Fernández Arzuaga


Llegar a mi tierra y volver a ver a mi familia y amigos luego de casi tres años probablemente haya sido uno de los momentos más gratos que recuerdo. La emoción de estar en casa junto a los míos se podría asemejar, sin miedo a equivocarme, a un orgasmo duradero y placentero.

La estancia en Venezuela provocó en mí un cuestionar continuo de la vida: fuera de Cuba tenía muchas cosas que en mí país no: en Cuba estaban aquellas que me faltaban fuera. En este proceso de cuestionamiento establecí una balanza, nada imparcial, que confirmó definitivamente los motivos por los cuales había decidido regresar a mi hogar. Sin embargo, regresar a tu país y retomar la vida, tanto laboral como cotidiana, fue un proceso que me llevó a filosofar nuevamente sobre el tema de la vida y sus escenarios.

Planteaba ideas respecto a cómo salir adelante y ayudar a mis seres queridos, confluían en mí toda una serie de planes: construcción de una vivienda para alquiler, volverme vendedor de viandas, montar una pequeña empresa de construcción, entre otros; pero, una vez más, el robusto puño de burocratismo, trabas e imbéciles personajes ubicados en lugares “estratégicos” dieron un fuerte golpe en mi cabeza que terminó desmoronando cada piedra del castillo de ideas construido. En este preciso instante, la balanza que había construido con tanto ímpetu comenzaba a inclinarse hacia el lado inverso a pesar de lo parcializado que ya me encontraba. Volví a recordar aquella daga que me había hecho irme.

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Boulevard de Holguín. Foto: Amauris Betancourt.

Sin duda alguna, conocer el extranjero me hizo cuestionar muchos puntos sociales y políticos que antes eran casi normales para mí, sentía que había madurado y crecido emocionalmente y que el área donde había nacido me quedaba algo pequeña. A pesar de buscar continuamente mi otro yo, aquel que fui antes de pisar tierra firme, solo encontré la esencia de mí mismo, aquella que según dicen, nunca cambia y que, a pesar de las circunstancias y lugares donde estés, siempre sigue ahí, esperando el momento oportuno para exteriorizarse.

Bastaron unos meses para comenzar a planear otra forma de emigrar, esta vez tenía en mente un país menos convulso e inseguro. Hacía algunos años había salido un amigo mío para España, por una beca para realizar estudios de investigación o de posgrado; dicho amigo me contaba por medio de correos electrónicos que le iba genial y definía esa oportunidad como una lotería: salías de Cuba rumbo a un país desarrollado; ibas a realizar lo que te gustaba (estudiar, viajar, conocer) y encima te pagaban por ello una mensualidad increíblemente esplendorosa.

En unas de sus vacaciones a Cuba, mi amigo me informó los pasos que debía seguir para tratar de ganarme la anhelada lotería. Una vez todo bien definido y escrito puse mi maquinaria en función de elaborar el proyecto de investigación social que se exigía a cada participante. Esto me llevo a una búsqueda exhaustiva en Internet sobre aquellos fenómenos sociales que más interés despertaba en los españoles; descubrí que la violencia familiar y de género era uno de los problemas que, a pesar del desarrollo económico y social alcanzado en esa zona de la Unión Europea, seguía siendo cuestión compleja y difícil de abordar por la serie de variables de toda índole que influyen a que se produzca.

Aproveché la experiencia de algunos amigos que habían estudiado la violencia familiar en Cuba para buscar bibliografía y evacuar un sinnúmero de dudas al respecto, ese fue el paso inicial para comenzar a elaborar el proyecto de investigación. Fue necesario que se conjugaran una serie de facilidades para que el proyecto se llevara a cabo.  A mediados del 2010, mi novia y actual esposa, Clara, comenzó a trabajar en la Facultad de Ciencias Médicas de Holguín. Por ella, y el Internet que allí tenía, fui subiendo cada documento solicitado por el Ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno español. No cabe dudas que ese fue el punto clave para acceder a cuanta información necesitaba, de igual forma y por esta vía conseguí a mi Tutor, Diego (Director de la Facultad de Sociología), quien fue el conductor de mi proyecto y quien ayudó de manera incondicional, con varios documentos, para la obtención de la beca de estudios.

 

Subí paso a paso toda la documentación. Fue algo comparado como jugar un número, exclusivamente uno, para una compañía de juegos al azar que otorgaba sólo algunos premios.

Una vez redactado el proyecto, obtenido par de cartas de recomendación de magníficos profesores de la Universidad de Holguín, elegida la ciudad, la universidad y la facultad donde iba a estudiar, seleccionado el tutor, entre otros requerimientos complejos, a finales de julio del 2011, cuatro días antes de cerrar la convocatoria de la beca, subí paso a paso y con la ayuda de mi amigo, y Clara, toda la documentación al sitio web donde salía expresa la solicitud mundial de la beca. Fue algo comparado como jugar un número, exclusivamente uno, para una compañía de juegos al azar que otorgaba sólo algunos premios en el mes de agosto de ese mismo año. Ya no quedaba más nada qué hacer, la suerte estaba echada.

Mientras el palo iba y venía, me dedicaba a seguir soñando con mis pequeñas empresas y buscaba la manera posible de que se hiciesen realidad, de esta manera, pensaba yo, invertía el dinero ahorrado con el trabajo en Venezuela a manera de obtener alguna que otra ganancia y evitar el consumo íntegro del mismo.

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Hombres trabajan en las calles de La Habana. Foto: Kaloian Santos Cabrera.

A punto de dar los primeros pasos para invertir el dinero en un pequeño proyecto, una mañana de un lunes del mes de agosto, recién finalizado los carnavales holguineros 2011, me encontraba durmiendo y con dolor de cabeza debido a una molesta resaca de la noche carnavalesca anterior, cuando mi sobrino Leo me despierta y me dice:

 

Tío, te llama Clarita por teléfono.

Entre dormido y malhumorado le contesto:

-Leo, por favor, dile que me llame más tarde, que me duele mucho la cabeza y además me he acostado bien tarde.

Leo bajo las escaleras corriendo, le comenta lo dicho a Clara y sube nuevamente:

Tío, dice Clarita que es algo relacionado con la beca que solicitaste el mes pasado.

En ese instante y casi acto seguido salté de la cama cual liebre asustada, me venían muchos pensamientos a la ya no adolorida cabeza, me puse un short con la ligereza de la liebre y bajé las escaleras en busca del aparato telefónico, lo agarro con mis manos frías y temblorosas a pesar del calor que había:

Dime mi amor.

Felicidades, te has sacado la lotería.

En ese momento y por arte de magia desapareció la resaca. Se acababa de abrir la puerta hacia el Continente Europeo y ya tenía en mente una enorme cantidad de ideas para retomar el camino hacia lo desconocido, hacia otro mundo y otra historia, otra gente, otro aire, y forma de precaver aquello que me hiciera regresar de la bella Venezuela.

El siguiente paso fue responder la aceptación de la beca y le escribí al tutor, Había llegado el momento de conocernos cara a cara, me habían concedido la beca para realizar estudios de investigación en Granada, España.

La información de que me había sacado el número de la lotería corrió por todo mi barrio como corre un chisme relacionado con engaños extramaritales. Ya todo el mundo, incluso en los límites de mi barrio, casi llegando el “Tren de la Loma”, conocía que salía hacia el extranjero nuevamente. Recuerdo una vez que, pasando por el frente de la casa de una vecina, muy curiosa ella por cierto, le llamaban: “Radio Angulo” y sus motivos bien ganados tenía, me saluda y acto seguido pregunta:

Ricardito, ¿Es verdad que vas para afuera de nuevo?

Mi respuesta fue sencilla, a modo de no entrar en detalles con la señora, a fin de cuentas estaba bien apurado pues iba a hacer un trámite relacionado con la beca.

-Si.

-Me alegro mucho por ti -comenta ella-. ¿Y para dónde vas?

Para Granada – respondo entrecortado.

Cuando le dije Granada, su cara se tornó un poco rara, como confusa y a la vez buscando información geográfica en su cabeza. De pronto respondió antes que yo siguiera mi camino:

Como si es pa´ bomba Ricardito, de aquí hay que salir para cualquier lugar y por cualquier vía, como si es pa´ bomba, así que adelante mijito.

Tenía sólo un mes para realizar los trámites migratorios correspondientes, así como la preparación del viaje; a efectos del comunicado de la oferta de la beca debía llegar a Granada antes del primer día de octubre de 2011. La primera semana transcurrió realizando trámites en Holguín, algunos relacionados con la Universidad, donde debía adquirir algún que otro documento para presentarlos a la Escuela Internacional de Posgrado en Granada, entre otros trámites como el del pasaporte. Cuando lo tuve en mis manos, debí partir rumbo a La Habana, con cita previa, a solicitar la visa para viajar.  Debía tener mi título universitario y la certificación de notas para presentarlas en el correspondiente consulado. Aquí comenzó lo que llamo burocracia pura y dura (bloqueos, trabas, trabas y más trabas) y segundo, corrupción administrativa, a modo de librarte del afamado peloteo cubano.

Cuando fui a certificar las notas de estudios y el título universitario a una de las oficinas del MINREX en la Habana, por un costo, si mal no recuerdo de 400 CUC, después de una larga cola, una de las asistentes me dice que se hacía el trámite allí pero que el proceso tardaba casi tres meses. Con esa noticia comenzó a dolerme la cabeza, esta vez era un dolor moldeado por un papeleo angustioso y que parecía no tener fin. No me di por vencido, me había enterado en plena cola, que había otra oficina donde podía hacer la gestión, faltaban apenas dos días para mi cita en el consulado de España y debía resolver, (sí, sí, resolver, es la palabra que usamos la inmensa mayoría de los cubanos cuando ya no tenemos opción de hacer algo por la vía legal) estos papeles a toda costa.

El taxi tardó unos diez minutos en llegar a la oficina, no había demasiada cola por suerte, así que conversé con la asistente, le describí todos los escenarios posibles para que se apiadase de una persona que solo quería estudiar en el extranjero, pero para ello me hacía falta cuanto antes, preferiblemente al siguiente día, los documentos requeridos. Bastaron tres palabras para salir cabizbajo de las cuatro paredes blancas en las cuales figuraba una foto de Fidel y otra de Raúl sonrientes ambos a manera de burla: no podemos hacerlo.

Sin ninguna posibilidad de resolver mi problema, salí caminando y me senté bajo un enorme árbol de una sombra refrescante y mágica. A mi mente vinieron una inmensa cantidad de pensamientos negativos : tanto navegar para morir en la orilla. Cuando me dispuse a seguir, sin rumbo alguno, vino caminando directo a mí, un hombre moreno, alto, un poco gordo, arrugado, sudoroso y quemado por nuestro sol cubano:

Amigo, ¿desea hacer usted algún trámite?

Le dije que no, que solo estaba esperando a un amigo.

Antes de salir para la Habana, un primo me dio una serie de reglas a tener en cuenta, una de ellas era que no confiara en nadie: “hay muchos timadores, aunque te pinten todo el cielo y las estrellas, no le creas”. Y eso fue lo que traté de hacer.

2314 de septiembre de 2016

Hombres en La Habana. Foto: Kaloian Santos Cabrera.

El hombre moreno insistió, me comentó que ellos realizaban todo tipo de trámites pero que lo mejor era el precio, solamente la mitad de lo que el estado cubano. Volví a decir que no, pero el moreno, insistió aún más, me dijo que cualquier papeleo que deseaba hacer lo recogería el mismo día y solo se pagaba el cincuenta por ciento inicialmente y el resto cuando recogiera los documentos.

Di mi brazo a torcer. Me llevó a una especie de oficina privada ubicada a unos diez minutos en “almendrón”. Cuando entré tuve que esperar a que unos extranjeros terminaran, la presencia de estos le dio más credibilidad al asunto. Llegado mi turno hablé con una persona que parecía comerse el mundo, sabía cómo funcionaba el sistema burocrático en Cuba y cómo burlar a las entidades encargadas de establecer el orden. Entregué los documentos, pagué la mitad del precio tal cual habíamos negociado, me dio un recibo por ello y debí esperar al siguiente día para tenerlos en mis manos ya que pasada las dos de la tarde “los contactos” suyos en el MINREX no estaban disponibles.

Gracias a dios y a la corrupción, aproximadamente unos nueve días después recogí mi pasaporte visado, me acababan de dar la llave de la puerta de la Unión Europea, deseaba con ansias conocer mis antepasados, la Madre Patria y su historia real, aquella que cuenta la gente común y corriente.

 

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Vista de La Puerta de Alcalá, Madrid. Foto: Kaloian Santos Cabrera.

Después de nueve horas en un avión de Cubana de Aviación, aterrizaba en Madrid un siete de octubre de 2011, mi amigo y su esposa me esperaban en el aeropuerto, tan contentos por mi viaje como yo por verlos a ellos. Comenzaba una nueva faceta de mi vida como emigrante y esta vez estaba dispuesto a darlo todo.

En Madrid estuve unos tres días, mi amigo aprovechó para enseñarme lugares emblemáticos de la ciudad: la Gran Vía, la Plaza del Sol, el patio del Palacio Real, donde se realizó un magnifico desfile en honor al Rey de España, en ese entonces Don Juan Carlos I.

Al mediodía del lunes salí rumbo al sur de España, con dirección a Granada. Ese mismo fin de semana había aprovechado la banda ancha del Internet para ir conociendo su infraestructura y sociedad, a modo de anteponerme al deslumbramiento que pudiera ocasionar su belleza. A pesar del cansancio que traía, básicamente producido por el “Jet Lag” no pegué un ojo durante el viaje en guagua. El clima y la naturaleza son bien diferentes, si se compara con el Caribe, a cada lado de la carretera había campos y más campos de olivos entretejidos por las montañas que alegraban el paisaje, cualquier español posiblemente los notaba aburrido, para mí era impresionante; varios logos con el afamado Toro de Osborne aparecían cada cien kilómetros aproximadamente, parecían vigilar la carretera, o quién sabe si los campos de olivos.

El ingreso a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada fue una de los eventos más significativos en el ámbito estudiantil, allí conocí muchas personas de todas partes del país, algunos de América Latina, todos y cada uno de ellos, magníficos y admirables.

 

Llegué a Granada sobre las ocho de la noche, el otoño hace que a esa hora ya no haya luz solar, aunque sí bastante frío; un amigo y una amiga me esperaban, iba a vivir con ellos, también estaban estudiando en la Universidad de Granada, pero en facultades diferentes debido a la especialidad de sus carreras profesionales.

El ingreso a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada fue una de los eventos más significativos en el ámbito estudiantil, allí conocí muchas personas de todas partes del país, algunos de América Latina, todos y cada uno de ellos, magníficos y admirables. Eran de los que llaman en Cuba: integrales; buenos tanto en el ámbito académico como en el personal: estudiaban, preparaban encuentros en bares, museos, casas, lugares exóticos donde no faltaba uno que otro porro; fueron días inolvidables y dignos de repetir sin duda alguna.

Mi vida en Granada transcurría entre estudios de diferentes materias sociales que el máster exigía; en visitas a tanto lugar recóndito escondía la ciudad; así como compartir con los estudiantes y algunos amigos que vivían en el mismo bloque de edificios. Allí probé la paella andaluza, y ¡vaya paellas que cocinaba la madre de la mujer de mi amigo!, fácilmente podía ser cocinera de los mejores restaurantes de la periferia donde se vendiera tal delicioso plato.

La tarjeta de residencia de estudiante que obtuve debido a la beca de estudios, permitía, según la Secretaría de Inmigración y Emigración, reunirse con esposa e hijos, así que aprovechando tal derecho y en casi cuatro meses de haber llegado, para los primeros días de marzo de 2012, tuve la dicha de tener a mi lado a Clara, quien compartió todas o gran parte de mis vivencias en ese bello lugar.

El año 2011 fue determinante para el Partido Popular español, Rajoy ganaba las elecciones generales al PSOE de Zapatero, quien según los especialistas en política, había sido el encargado de generar la gran crisis económica-social que en la actualidad continúa sucediéndose en todo el país.

La llegada de Rajoy al poder provocó cortes sociales a diestras y siniestras; era la época, según este, de no gastar en trivialidades para poder pagar a los bancos europeos el dinero adeudado por el partido socialista, por lo que aquellos españoles que recibían algún tipo de ayuda social sufrieron un golpe rotundo en sus ingresos.

Teóricamente, la beca de estudios que me habían otorgado tenía una duración de cuatro años, la misma fue diseñada para que el estudiante que se beneficiara con esta pudiera realizar estudios de máster en el primer año y de manera continua, realizar estudios de doctorado, a modo de profundizar en el tema de investigación escogido.

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Mariano Rajoy durante una cumbre social de la UE. Foto: Virginia Mayo.

Faltaban casi treinta días para que finalizara el curso escolar, cuando el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación debía enviar las solicitudes de renovación de la beca de estudios. Era un proceso nada complicado, solo había que llenar un formulario “online” y que el Coordinador del máster, así como mi tutor, dieran el visto bueno para continuar.

 

Enviado el formulario solo quedaba esperar, mientras tanto iba terminando cada materia del curso y redactando la tesis; fueron unos días agobiantes, mucho estrés tenía puesto que cada materia exigía una prueba final o un trabajo de investigación de no menos de treinta cuartillas.

Habían pasado casi dos semanas en espera de la ansiada conclusión del Ministerio de Relaciones Exteriores. Clara y yo nos habíamos dispuesto ir a Cuba de vacaciones una vez aprobada la continuidad. Solamente faltaba la lectura de la tesis, estaba ultimando detalles con el tutor.

Era una mañana del mes de junio del 2012, cuando finalmente recibí la respuesta del Ministerio, no lo podía creer, me habían negado los beneficios de la beca debido a los recortes sociales que impulsaba el gobierno. Por más que intenté revertir la situación mediante el envío de cartas del tutor y del coordinador explicando la necesidad de continuar, no hubo manera de seguirlo. No había dinero para pagarle a los estudiantes, así me dijo por última vez Rosa, la encargada de atender a los becarios latinoamericanos.

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Mujer ante la Plaza de Cibeles, Madrid. Foto: Kaloian Santos Cabrera.

A partir de ese instante, Clara y yo tuvimos que replantearnos muchas cosas que no estaban dentro de nuestros planes; fueron muchas, muchas ideas. Elegimos no ir a Cuba de vacaciones, el dinero ahorrado no era suficiente como para realizar el viaje y regresar con algo para seguir la vida. Decidimos aplazar la lectura de la tesis para el próximo curso como vía de buscar opciones de mantenernos legales en el país, ya que la tarjeta de estudiante era válida por un año, aunque prorrogable si tenías evidencias de estar estudiando en alguna universidad.

Dejamos Granada para instalarnos en Madrid en busca de trabajo. La crisis había dado un golpe fuerte a los trabajadores granadinos, llevando al paro a una gran mayoría de ellos. Pero habíamos elegido quedarnos a vivir en el extranjero de una vez y por todas. Y aquí comienza, diría yo, otra etapa de mi vida.

 


La imagen de portada pertenece al grafitero murciano Sam3. Se trata de su intervención, a propósito de la crisis española, al Toro de Osborne situado en las salinas de Santa Pola, Alicante, en 2009.

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