La Seiba era el Rey

la crónica apócrifa

“Su intención era menos belicosa, apenas buscaba trastocar fichas en un juego de dos contendientes, lo más ingenuo que se podía hacer de tener presente que los barbudos habían cambiado mucho más.”

Anuncios

Argentina me enseñó a desconfiar

trayectos

“Creo que la Argentina en este tiempo se ha vuelto un poco más inteligente, más despierta porque la gente cuestiona más lo que ve. También se ha vuelto algo agresiva porque no sabe qué hacer con eso que se le despertó.”

“Tilcara dice mi corazón”

registro de un observador

“El abrazo de amigos que hicimos en Tilcara se instaló para siempre en nosotros, y el torrente de energía que allí emana del centro de la montaña también. Tanto es así que ya despidiéndonos sentíamos que el corazón nos latía distinto”.

Pessoa: más allá del escepticismo y la angustia

bitácora

“Fernando Pessoa expone a quemarropa que la humanidad entera está de paso sin ninguna verdad, sin sujeción auténtica, bogamos en medio de la borrasca y la única arma es nuestra luz, nuestro destello cósmico”.

La violencia indocumentada

trayectos

“Cuando había avanzado varios peldaños sale de su puerta un vecino a quien había visto un par de veces pero nunca me saludaba, incluso solía ocultar su cara, por lo que siempre le daba mala espina a mi madre”.

Buenos Aires, como contabas Joaquín Sabina

registro de un observador

Este sábado, segundo de noviembre, Joaquín Sabina inicia una temporada de conciertos en la Argentina. Once en Buenos Aires, y presentaciones únicas en Rosario, Junín y Neuquén prolongan hasta el 9 de diciembre su permanencia en el país del que hay vastas huellas en su discografía y en su alma. Sabina es también un hombre de lecturas y viajes, viajes y escrituras. Aquí esta crónica e itinerario visual.


leandro estupiñánLeandro Estupiñán vive en Buenos Aires


Por el camarero de Clásica y Moderna, bar-librería de fino gusto ubicado en Callao a la altura de Paraguay, Buenos Aires, supe que tal vez en la mesa donde me sentaba esa tarde o en alguna otra ubicada a saber en qué exacto punto de ese sitio solía sentarse Joaquín Sabina, el cantautor que nunca regresó por allí después que sus relaciones con los propietarios quedaran enturbiadas por una historia donde había muerte y sobredosis. Yo, que he sido sabinero desde hace tanto, que Sabina me ha salvado de muchas cosas, entre ellas la muerte según mi hermano Antonio, estuve por un rato sugestionado con la negra leyenda, y recuerdo que ese día, cuando revisábamos mi libro sobre Lunes de Revolución a punto de ser impreso, aun abandoné el lugar cantando las mismas canciones que repetía desde mi adolescencia, cuando descubrí su voz de antes menos aguardentosa que la de hoy.

A metros de la puerta, buscando por la izquierda y a un extremo de la plaza Rodríguez Peña, yace la loza sobre la que fue plasmada una de esas canciones que escuché y canté hasta el aburrimiento de los demás. Era la época en que empezaba a conocer a Sabina y por él, de otra manera, a Buenos Aires. El hallazgo debe haber sucedido por el año 94 o 95 y podría haber estado yo en un estudio de la radio holguinera donde tantos amigos hice y donde invertí una parte de mis años adolescentes. Hubiera sido la mía una existencia radial si no es porque intereses como la literatura se alimentaban desde antes; a ese medio debo hoy algunos aprendizajes y descubrimientos musicales entre los que queda el del cantautor español.

DSC_3609

Te sentaba tan bien esa boina calada al estilo del Che /Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear.
Con la frente marchita. CD: Mentiras piadosas. 1990.

Estaría en el primer estudio de grabaciones al cruzar la puerta y de pronto puede que me sorprendiera algún tema del disco Mentiras piadosas, en el mercado desde 1990 y del que escucharíamos a veces algunas canciones como Eclipse de mar, Y si amanece por fin o aquella Medias negras que creíamos escrita por Willie Chirino. Chirino lanzó desde Miami el petardo musical de propagación fulminante en toda Cuba en una época de penurias en que la gente pese a todo bailaba y cantaba y se las agenció para escucharlo aunque el hecho representara supuestos problemas ideológicos. Nunca pusieron la versión en la radio ni en la televisión, pero los de la radio y la televisión, y hasta los funcionarios del Partido y la Juventud Comunista movían su cuerpo con Willie Chirino cuando cantaba Medias negras, o cuando cantaba casi todo, la verdad.

Entonces Sabina no era el refugio de los esnobistas como lo fue después, y tampoco era moda imitarlo poniéndose uno en el papel de truhán, trasnochado y mujeriego. Quienes lo escuchábamos partíamos de cierta identificación con su estilo y con las historias que contaba, no con la caricatura suya que él mismo ayudó a propagar y de la que sabe reírse cuando quiere. Su rostro apenas empezaba a conocerse en la isla porque Pablo Milanés, a través de su fundación, PMRecords, lo había invitado y en La Habana ofreció conciertos y entrevistas. Yo estaba demasiado lejos como para intentar verlo en persona. A setecientos kilómetros lo menos que podía hacer era decirle “¡Hola!” a sus casetes grabados de favor por los operadores de audio.

Pero seguía tan impresionado con la música del español que para la época y como buen cubano lo ponía a todo volumen en la reproductora, y hasta llegué a pedirle al chofer de un ómnibus que en el verano nos llevaba a la playa que por favor pusiera “este”. Le pasé el casete con un disco “de tal Sabina” que reproducido y escuchado por los bañistas produjo en plena carretera una protesta colectiva por la que casi se suspende el itinerario, dado que el chofer lo valoró como un boicot. Aquella turba incluso en días de sol prefería viajar arrullada con el dúo Pimpinela, y de alguna manera el del volante estaba de su lado, pues: “los pasajeros tienen siempre la razón”, dijo, aclarándome a tiempo: “no un pasajero, si no: los pasajeros”. Así sucede en todo país donde impera el gusto de la mayoría.

DSC_3537

Este ladrón atrapado en tus dudas / La rueca de Penélope en Luna Park
Nos sobran los motivos. CD: Nos sobran los motivos. 2000

En materia de gustos musicales aquella gente era menos abierta a nuevas sonoridades que Frida, Con la frente marchita la hacía aullar melódicamente como los mejores lobos de las estepas en noches de luna llena y nosotros mostrábamos lo que creíamos un prodigio a todos los amigos visitantes. Heredé de mi madre esa divertida cocker spaniel y ella vivió con nosotros hasta su muerte por diabetes en 2013. En todo ese tiempo la veía aullar y desgarrarse con el bandoneón sin siquiera imaginar que un día iba yo a vivir en la ciudad a la cual hace referencia el tema desde su título, guiño al tango de Gardel y Le Pera, uno de esos cien motivos para no irse de este mundo, según el cantor.

DSC_3520

Qué poco rato dura la vida eterna / por el túnel de tus piernas, / entre Córdoba y Maipú.
Nos sobran los motivos. CD: Nos sobran los motivos. 2000

La cosa es que tal vez por ese disco, y en particular esa canción, comencé a pensar en Buenos Aires desde otra perspectiva. Sabina me ofrecía un nuevo modo de sentir sus recovecos, uno distinto al propiciado por la Historia, el periodismo o la literatura; incluso, tal vez, al cine. Otra dimensión tomaba la Plaza de Mayo o el cercano barrio de San Telmo en su voz e historias, con sus rimas e imágenes. Ni siquiera podría suponer yo que viviría en una zona colindante a San Telmo y, aunque tampoco alcanzaba a dilucidar  qué clase de lugar era, lo imaginaba maravilloso solo por el hecho de quedar en una postal. O, lo pensé después: tal vez la postal exigida a la chica que se regresaba era de otro tipo, acaso una antiguaya, de las muchas que se consiguen en el mercado de la calle Defensa o en cualquier quiosco de Corrientes. A esa conclusión  llegué cuando mi esposa y yo habíamos bebido mil cervezas en sus bares y San Telmo se me empezaba a parecer demasiado a La Habana Vieja, y si acaso no lo era del todo se debía a la ausencia del mar y al bullicio de músicos y a los bares impecables y a Mafalda sentada en una esquina en diagonal a dos pibes que esperaban a sus compañeros para seguir remolcando una montaña de cartones.

Los siguientes rastros de esta ciudad en la discografía de Sabina llegaron en el disco  junto a Fito Páez, aunque ese no lo escuché tanto como debí haberlo hecho en su momento, tal vez porque no lo tuve en mis manos a tiempo ni a destiempo. Y hoy, no sé por qué complejo mecanismo de la memoria, cuando lo evoco, en lugar de tararear sus canciones me viene a la cabeza una reseña escrita por Joaquín Borges Triana para El Caimán Barbudo.

Pero tal vez el más contundente sentido de esta ciudad lo haya recibido yo en su impresionante 19 días y 500 noches. Algo en el ritmo decía que había más que recurrencia del lenguaje, pese a que la decodificación verbal ocurrió de a poco y tuve que estar asentado en estas tierras para que así fuera. Solo llegado ese momento entendí lo de la jermu; ya había subido a un colectivo y vislumbrado la Bombonera ante la que razoné sobre el verdadero significado de Boca. También había visto que Corrientes y Callao era una populosa intersección que podía tornarse agobiante en ciertos horarios y que estaba ubicada a poca distancia del bar-librería Clásica y Moderna.

DSC_3564

Pero todo se acaba, ya es hora de decirte ciao, / me ha citado la luna en Corrientes esquina Callao.
Resumiendo. CD: Alivio de luto. 2005

Solo tuve que avanzar unas cuadras por veredas colmadas de gente aquella tarde veraniega en que el sol se volvía sanguinario y déspota para, sin preverlo, encontrarme otra vez en la encrucijada, uno de los sitios nombrados sin sentido por mí una y otra vez en el Holguín vaporoso, casi tanto como había nombrado el Córdoba y Maipú en mis intentos melódicos. Incluso desconocía datos esenciales como que Sabina estaba ligado más profundamente de lo que imaginaba a este país, que su conexión partía del amor y determinados hitos de su carrera. El productor de lo que muchos consideramos su mejor disco es un argentino, Alejo Stivel, quien contó en algún momento que, sin menospreciar a sus músicos, le molestaba que en las grabaciones anteriores siempre obligaran a Sabina a cantar. Una madrugada, escuchándolo en su casa madrileña, debió decirle: ¡Así es como tienes que hacerlo, Joaquín!

Argentina andaba con Sabina ya desde su juventud, cuando en aquellos años londinenses se le presentó en forma de mujer y con esa mujer quiso casarse librándose de paso de la reclusión obligatoria que le dejaba el servicio militar. Otra vez, cuando ya era famoso, tuvo un romance de un año  con una “mina” porteña, y gracias a que ella lo abandonó por un tipo más joven poniéndole fin a una relación a distancia hoy tenemos un tema como Dieguitos y Mafaldas. ¡Que viva el desamor!

En otros discos posteriores a 19 días y 500 noches vuelve Buenos Aires y con ella la Argentina, en forma de mujer, de melodía, de hipertexto, de desamparo y recuerdo. Un día caminando por la 9 de Julio me encontré a un náufrago como en su canción Cuando me hablan del destino. También la familia le había despojado de sus bienes y se las arreglaba para sobrevivir en las calles en una situación que, según me contó, a él mismo le daba vergüenza. Cuando nos despedimos, estrechándonos las manos, sintiendo en la mía el polvo y el hollín acumulados en las suyas, pensé otra vez en Sabina.

Había avanzado unos pocos metros y esperaba el cambio de luz. Miré a los lados, me envolvía la hermosa y anárquica Buenos Aires, la que suele acoger al emigrante y es capaz de encantarlo o llenarlo de terrores si a una cirujana de no sé qué anacronismo inmoviliario para estas geografías le da por quejarse de los que toman mate ante sus narices en la pileta. Ella, la ciudad coqueta, distinguida, cultural e inmensa seguía siendo ese bicho ensortijado del que alguna vez habló Sabina; el mismo animal que generoso y cruel seguía avanzando movido por los sueños y la confusión.


Fotos de Rafa Gallar y Lez.

Mails desde Catalunya

correos

Dos cubanas amigas de esta publicación radicadas en Barcelona nos han venido contando sobre lo que allí se vive en relación al auge independentista. Hoy, en una semana decisiva para este conflicto de dimensiones crecientes, lo reproducimos a nuestros lectores.

Con sus textos inauguramos una sección a la que hemos llamado “Correos”, para que así quienes quieran, en pocas palabras, opinen sobre los conflictos que en su entorno se desarrollan.


Cosette Sicilia Bidopia y Sandra Guerra


  • Los inmigrantes quedamos un poco al margen de este conflicto

Cuando llegué a Barcelona allá por el año 2006 no había ningún problema con la independencia de Cataluña, ha sido a raíz de la crisis económica mundial cuando el partido gobernante del parlamento Catalán se sumó a los partidarios de la independencia por el auge para ganar mayoría de votos y seguir gobernando.

Actualmente en el  Parlamento Catalán hay una mayoría simple de independentistas, y están aprobando leyes para la desconexión de Catalunya del resto de España, cosa que según la Constitución Española de 1978 es imposible porque la autonomía del pueblo español parte de todos los españoles, y es soberana, así que el conflicto está servido. Hace poco hubo un referendo de autodeterminación en Catalunya, pero el gobierno central lo consideró ilegal y hubo disturbios el día de la votación (1 de Octubre), porque muchos Catalanes quieren votar para decidir el futuro político de la misma.

Al día de hoy muchas empresas y bancos están cambiando sus sedes sociales para ampararse en el marco europeo y garantizar los derechos de trabajadores y clientes. Hay conflictos y tensiones en poblaciones pequeñas por el proceso independentista, se prevén boicots a productos Catalanes que se venden en el resto de España. La situación es tensa entre los gobiernos y se buscan mediadores internacionales o europeos para llegar a una solución que contente a ambas partes.

A nivel personal, trabajo en un hotel y vivimos del turismo por lo que no nos conviene que esta situación se prolongue durante mucho tiempo. Barcelona es una de las ciudades más visitadas de Europa, pero la inestabilidad política puede llevar a que deje de serlo. Socialmente no he tenido problemas ya que no somos activos en pronunciarnos a favor o en contra, aunque creemos que la independencia no traerá nada positivo. Vivimos en una ciudad muy cosmopolita donde hay gente de todo el mundo, no hay conflictos por esta cuestión. Ha habido algún percance puntual, pero radicales hay en todas partes.

Los inmigrantes quedamos un poco al margen de este conflicto y esperamos que se solucione de alguna manera o convoquen elecciones autonómicas para elegir otros gobernantes que sean capaces de solucionarlo.

Un saludo desde la ciudad condal!

Cosette.

 

  • Están dividiendo la sociedad catalana

Familia,

Esta es mi humilde opinión, tengan en cuenta que yo crecí sin el yugo de la corona Española, gracias a nuestros mambises. Así que es mi opinión desde el punto de vista racional, sin el corazón envuelto en bandera alguna. Sólo bajo la cubana.

Nada de lo que vean es exageración, esto está cada vez peor. Hoy a las 9 habla el Rey, espero no sea para peor pues cada vez que Rajoy abre la boca se lía más esto. Jamás había visto político menos coherente, es como si viviera en una realidad paralela. Estoy acostumbrada a líderes con cerebro.

Nosotros no votamos pues no tenemos ciudadanía pero la represión del domingo fue muy fuerte. Vi un jefe de policía bajar a dar órdenes a los furgones para ocupar el colegio del Barrio y me pareció ver a mi padre, el pobre tenía los hombros cargado y una cara de tristeza terrible.

Los de aquí y los de Madrid no han sabido arreglar en las cortes ni en congreso, y con diálogo las contradicciones se han convertido en antagónicas y han enfrentado el pueblo a las fuerzas del orden.

Pues claro, la votación era ilegal, pues la constitución la prohíbe,  pero los catalanes como estamos en democracia exigen el derecho a votar. Ahora la extrema izquierda, separatista, la CUP (que además crearon los CDR, los comité de densa del referendum) que ya había anunciado desde el 23 de septiembre que el 3 íbamos a la huelga general para declarar a independencia, después  de lo del domingo viraron la torta y ahora tienen más seguidores,  hoy la huelga y la gente en la calle según dicen es para denunciar los hechos de fuerza del domingo (800 heridos, 2 de gravedad).

Resumiendo, hasta Tere que no quería la independencia, después del 1 quiere la independencia.

El gobierno catalán dice que habrá huelga hasta que se declare independiente y el gobierno español que actuará con el artículo 155 de la constitución, que resumiendo es ocupar Cataluña con la carta magna.

Están dividiendo la sociedad catalana y la española y lo peor que los que empujan son la burguesía luchando por el poder económico y el pueblo manipulado es el que se enfrenta porque la policía también es pueblo y tiene familia.

En fin, esto es un pequeño resumen, nosotros y nuestros amigos estamos bien, los que votaron lograron hacerlo sin problemas. Mientras tanto a la espera de que esto termine de la mejor manera.

De todas formas si no es así nos iremos a reconstruir la Isla que a mi juicio es más productivo.

Saludos a todos y un abrazo fuerte

Sandra


La foto de portada pertenece a Marc Sendra Martorell.

Algo mejor que un amor

trayectos

“En su libro Fuegos Marguerite Yourcenar nos dejó esta joyita: “Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad”. Creo que justo eso es lo que extrañan mis amigos: la complicidad conseguida a lo largo de una vida surrealista y difícil”.

Para disolver al unicornio

registro de un observador

“El río Mekong quedaba muy lejos, el dinero no era tanto, la fantasía de navegación selvática nos empujaba naturalmente al Norte de Brasil”. 


juan martinJuan Martin Angera vive en Catamarca


Demoliendo hoteles

Todo comenzó con un estallido encarnado en el grito de El sordo. AAAAAAh!! Era el recibimiento que me daba al llegar a su departamento de la avenida Chacabuco, lugar que yo visitaba varias veces por semana, sólo que ese día comenzaba a sentirse el olor de un cambio que no dejaba de humear en la cocina de nuestros cuerpos de sedentarios flashadores de departamento. Yo estaba cerca de recibirme y El sordo estaba simplemente disconforme. Ambos habíamos horneado al calor de los paraguayos que fumábamos el anhelo de rodar tierra. Habíamos leído a Kerouac, habíamos visto Apocalipsis Now, Into the wild y nos inspiraba un emergente movimiento cultural tendiente hacia lo aventurero que, sumado a nuestros espíritus movilizados dentro de la quietud de dos envases aburridos, formaban un caldo de cultivo que solo pedía renuncias a los compromisos personales, mochilas prestadas y vacunas contra enfermedades tropicales.

El río Mekong quedaba muy lejos, el dinero no era tanto, la fantasía de navegación selvática nos empujaba naturalmente al Norte de Brasil. Simón llegó con el dato de que un tal Tupac (yoga, literatura, viajes a la India, sustento en base a renta de departamentos heredados) emprendería un nuevo viaje y podríamos encontrarnos con él en Belem do Pará (extremo norte de Brasil), para tomar el barco que nos llevaría finalmente por el río Amazonas hasta su lado peruano. Pero comenzaríamos en Río de Janeiro, donde un avión que partía desde Córdoba haciendo sapito en Montevideo, nos colocaría inmediata y tramposamente, como quien mueve su pieza en un tablero de juego desde un punto a otro distante, saltando varios casilleros. Ya estaba rompiendo una de las primeras reglas en mi estructura ideal de viajero, estaba llegando en avión al primer punto mientras mi héroe mental hubiera comenzado con unos pocos pesos haciendo dedo en la ruta. Sin embargo todo iba a encajar en el diseño de la bomba interior que nosotros mismos estábamos armando. Llegar a Río de un saque significaba cambiar el canal como quien lo hace con un control remoto, y eso para dos tiernos que habían pasado los últimos seis años de su vida jugando con un globo terráqueo, fumando, leyendo y viendo películas resultaba una especie de suicidio identitario.

kyle-peyton-412611

Si bien tener un objetivo como el de alcanzar a Tupac era alentador para encarar un viaje tan largo, radicó allí uno de los mayores conflictos con mi compañero de viaje, de quien tuve la sensación de que comenzaba a mudar de piel antes de salir de viaje, con aquel grito que excedía la talla del departamento en el que se daba, donde sacó la euforia de su cuerpo como quien salta arriba de un pomo de pasta. “Dice Tupac que el día previo a salir no querés ir…” me decía El sordo, como llamando a la comprensión en caso de desvarío, la verdad que a mí me jugaba a favor el espíritu de poca planificación e inconciencia sobre el asunto, de hecho preparé la mochila completa para un viaje de al menos dos meses una media hora antes de salir para el aeropuerto. Me había quedado simplemente haciendo cualquier cosa que me viniera en ganas antes de pensar en aprovisionamientos o resguardos. Lo más organizado que tenía encima era una bolsa de fármacos que mi cuidadosa y bióloga madre me había preparado. Me había mandado una encomienda desde Catamarca llena de instrucciones, besos, advertencias y miedos acerca de asuntos penetrantes en la agenda latina de ese momento como la guerra civil en Río de Janeiro o el dengue en Iquitos.

Si El sordo se había desprendido de su euforia en un grito yo, en cambio, estaba dosificando mi naturalmente abundante cantidad que, lógicamente, se potenciaba por el salto cuántico que significaba haberme quitado de encima trabajo, proyectos y novia. En esta etapa previa a tomar el avión, mis días transcurrían entre episodios protagonizados por actitudes experimentales que coqueteaban entre la soberbia y la apatía por el mundo que sentía dejar. Francamente me sentía un sujeto en retirada, entonces el deseo corriente hacia una muchacha, por ejemplo, se traducía en una abrupta y despreocupada invitación a tener romance, cuyo esperable rechazo solo me generaba cierta desvergonzada diversión. Quizá este podría ser un punto de partida para entender la cadena de cambios; un sujeto respetuoso y soñador toma la decisión de finalizar una etapa de su vida con un exilio aventurero. El impacto de los pasajes comprados se traduce en un sujeto desbocado que va jugueteando con la ciudad que dejará, como en aquellos sueños donde uno puede tomar conciencia de estar soñando y comenzar a destruir todo a su paso o abusar de las personas.

Malandro é malandro e mané é mané

Río era todo lo que mis fantasías solían dictarme sobre él. De hecho se daba el lujo de ser mejor, ya que no solo era imagen sino, y sobre todo olor, temperatura y energía. A su vez la realidad era finalmente superada por un diario de viaje de Luis Franco que Manu me había prestado para esos meses, en donde el crack del poeta belicho describía su paso por la ciudade maravilhosa con una precisión y profundidad que me ahorraba la reflexión y hasta la propia escritura sobre el tema. Para cuando el avión comenzó a sobrevolar la bahía de Guanabara, la pastilla natural de éxtasis que mi cerebro guardaba ya había explotado. El sordo, en cambio, conservaba la calma expectante, basta solo recordar lo que cada uno hizo con su euforia antes de pisar el aeropuerto. En ese éxtasis miraba por la ventanilla y escuchaba desde mis ya ortopédicos auriculares la canción que Nash me había guitarreado en el grabadorcito del MP3 días antes de partir. Todo era exacto, Brasil se abría como un escenario nuevo en un videojuego y la canción genial del amigo despedía una vida con nostalgia y saludaba lo desconocido con agitada alegría.

sebastian-mantel-397311

Llegamos a un hostel que en Copacabana tenía un argentino que nos tocó de compañero de asiento, la improvisación y la casualidad comenzaban a imponerse como método de resolución de las cuestiones más básicas. Diría que estaba, yo al menos, básicamente entregado. Solo quería llegar a un espacio donde alguna porción de gente joven y aventurada girara en torno a mi remolino de entusiasmo. Estaba claramente de joda.

La humedad y el calor del ambiente potenciaban cualquier olor y esto hacía que Copacabana oliera ambiguo; como a frutas pero también como a toalla mojada, realmente excitante. El hostel estaba repleto de extranjeros tipo “lonely planet”, el concepto de hípster aún no terminaba de cuajar del todo en ese entonces, así que las fachas eran muy variadas. Yo quería conversar con cualquiera, pero sobre todo quería hacerlo con empleados del lugar, con brasileros de verdad y en portugués, después de todo el centro de ese viaje eran la lengua y geografía brasileras, los extranjeros enfiestados eran una especie de sana distracción. Pero yo también estaba de joda. Subimos a la terraza donde rolaba un bar, recorrimos los pasillos, ocupamos nuestro lugar en las habitaciones; todo era agitación y mini conversaciones idénticas: “de dónde eres”, “de dónde vienes”, “a dónde vas”. Igual  sentía que toda la experiencia era un bocado demasiado grande para comérmelo de un solo mordisco, sin embargo intentaba hacerlo tirando tarascones al aire y, ahora que lo pienso, creo que el ecosistema energético que formábamos o debíamos formar con El sordo como compañero de viaje comenzó a desequilibrarse desde ese mismo comienzo. Yo con mi euforia estaba comiéndome toda la algarabía solo, era difícil seguramente pararse a mi lado y disfrutar equilibradamente de las cosas, como si me robara todo el oxígeno y solo dejara dióxido de carbono para que respiren los otros.

Uno llevaba una pelota y el otro una pistola, los ojos rojos y la sádica alegría de una araña que se encuentra con una polilla atrapada entre la tela.

Sería precisamente aquella eufórica llegada la vía perfecta para que la vida misma nos pusiera en perspectiva sobre el total de sus posibilidades, como corrigiendo la receta de sustancias que nos movían hasta el momento. Imagino a la vida diciendo: “mmm, a ver a ver… demasiado unicornio en estas cabecitas, vamos con un poco de lobo, otro poco de…”, y puso frente a nosotros y a esa primera hora de la nochecita a un muchachito de islas Bermudas que insistió en ir hasta la playa a fumar su marihuana traída del Caribe y a escuchar mi guitarra. Entonces, con parte del cuerpo aun bajando del avión y la cabeza pidiendo nafta nos fuimos con él, total, no había más plan que dejarse llevar por las circunstancias.

Si la vida había dispuesto este escenario para comenzar a, literalmente, ampliarnos la conciencia, fueron dos muchachos habitantes de aquel morro erguido sobre el mar que veíamos desde la pornográfica arena amarilla los encargados de ponerle fin al estado de conciencia que manejábamos hasta este momento del relato.

Entre ambos formaban una especie de síntesis de la marginalidad brasilera; uno llevaba una pelota y el otro una pistola, los ojos rojos y la sádica alegría de una araña que se encuentra con una polilla atrapada entre la tela. A lo lejos, podía divisarse un policía en clara actitud de libración de zona y el espacio de cara al mar estaba desierto. Probablemente las próximas personas luego de nosotros podrían ser los vecinos de las costas africanas, una vez cruzado el océano atlántico, claro. El terror más novedoso que había sentido hasta ese momento me trepaba por la espalda, mientras los malandros se burlaban de nuestra frágil humanidad relatándonos su guerra civil contra la policía, meciendo su arma, coqueteando con unos repentinos cambios de humor que se balanceaban entre la simpatía demoníaca y la ira descontrolada. Yo al menos, pero creo que los otros dos hicieron lo mismo, abandonaba mi cuerpo entregándome a una especie de autismo, como los bichos que dejan la cáscara de su cuerpo en un árbol y se mudan, renuncian. Ya había hecho lo mismo aquella vez que un policía me increpaba por el olor sospechoso de mis dedos, yo simplemente no respondía, o como relata Capusotto en un programa de radio a propósito de un episodio en que fue víctima de un asalto dentro de una farmacia; simplemente transmigraba. La única estrategia de un cagón.

Volvíamos al hotel en silencio, los garotos no nos habían robado nada más que la tranquilidad.

Recalculando

Ya no había lugar para la euforia que me había llevado hasta allí, ni para las chispas de magia que mi inocencia veía destellar en cada detalle de la erótica Río. Yo solo quería huir de Río, desaparecer de Río. Inmediatamente comencé a pergeñar la salida hacia el norte para el día siguiente, francamente estaba entre aterrorizado y desilusionado. Quién sabe qué cantidad de figuritas y frascos y estatuitas y tonteras derribaron aquellos dos favelados de las estanterías de mi mente en esa playa, mi mente ordenadamente bohemia e inocente, mi mente mágica y amistosa, unicornia o ciertamente pelotuda.

Quizá fue una reacción de mi espíritu, el cual suele no dejarme de a pie, porque en lugar de cumplir con el deseo lógico de ir a acostarme para dormir hasta la hora de tomarme el primer OVNI que saliera con rumbo a Recife o a Brasilia, no importaba realmente, decidí subir a la terraza del hostel para pasear mi cagaso entre los que estuvieran allí presentes. Vino a sentarse a mi lado para preguntarme qué me ocurría una pequeña y latinísima muchacha que comenzó a reírse cuando le conté mi reciente tragedia. “¡Pero cómo eres cagón, argentino! Cómo se nota que nunca ves armas. Deberías visitar donde mi papá en El Salvador, allí sí que ves armas todo el tiempo”. Mientras la vida seguía evidentemente cumpliendo un rol fundamental como ecualizador de mis experiencias, la muchacha seguía hablándome: “Sabes lo que tienes que hacer ahora, ¿no?”. “Sí, seguir viaje mañana mismo”, respondí como si aún me quedase algún resabio de valentía frente a ella. “¡No!”, dijo entre enojada y burlona. “Tienes que salir a la calle, ahora mismo. Quitarte la sensación de miedo de encima, porque de otra manera ese miedo mañana crecerá dentro tuyo y ahí sí que no podrás seguir”. La sola idea de pisar la calle me apavoraba, la ciudad tenía conmigo un promedio de una salida; un asalto, cien por ciento de peligrosidad. Además yo ya no era un personaje de aventuras dentro mío, sino más bien una clara sensación de miedo, es decir que pasé de ser una representación extasiada a ser directamente una sensación sin cuerpo. En el tiempo que acabó de relatar esto último, la muchacha ponía las cosas de forma tal que si no salía, me iba a sentir peor que si me enfrentaba al miedo de reaparecer en una calle carioca.

Así fue que tomado de la mano, y no precisamente por romance, de una morena salvadoreña una etapa menor que yo, encaramos las calles de Río  junto al grupo de extranjeros que había abordado de manera soberbia cuando por la tarde entré por primera vez al hostel, hecho un latino extasiado y confianzudo.

22052536_10210812602331110_1864502206_n

La noche transcurrió pacífica y divertidamente. Tomamos omnibuses, anduvimos a pie y más allá de una botella arrojada desde un balcón mientras cantábamos en la vereda de un barcito, nada extraño ocurría, al menos en la calle. Yo por mi parte, un poco cagado, pero bien divertido, era un organismo en recomposición, intentando reinventar un personaje que debía disfrutar de las cosas entendiendo que la muerte acecha en cualquier esquina, como si no ocurriera nada, difícil síntesis. El relax de un hombre atento, la alegría de un espíritu calmo, el uso adecuado de las velas frente a los vientos, el festejo de las batallas ganadas en medio de una guerra que continúa todo el tiempo. Síntesis que el natural acontecer de las cosas me empujaba a realizar solo en las primeras ocho horas de un viaje que duraría poco más de dos meses. ¿Qué sigue a esto?, más y más cambios; un desfile de pozos en los que puede caerse todo el tiempo, solo que acelerados por la maquinaria salvaje de rodar, un acelerador de etapas interiores, un video juego espiritual.


Juan Martin Angera vivió en múltiples lugares cuando era chico. Nació en Buenos Aires, pero su vida ha transcurrido en la montañosa Catamarca, al norte de Argentina. Es músico  y licenciado en Periodismo. Compone canciones, escribe en un periódico  e imagina relatos que comparte en las redes sociales.

Fotos: Everton Vila, Carlos Irineu da Costa, Kyle Peyton y Juan Martin Angera.