El aire se torna blanco

trayectos

karinaKarina Hernández es licenciada en lengua inglesa


Vivo en Lancaster Park, Alberta, en las afueras de Edmonton. Es como decir que vivo en Holguín, pero en Sao Arriba: Edmonton flecha. Está cerca en carro, pero estás loco si vas a pie, y no hay guagua; o manejas, o te llevan, o pagas taxi, o no sales. Y para más remate estoy dentro de una base militar, una comunidad pequeña donde todo el mundo está más o menos en la misma situación.

Se siente como Holguín, un pueblo pequeño en una isla… y  a decir verdad hay muchos estereotipos de la mujer en la isla que se aplican a mi caso: canto a todas horas, pongo los Van Van a toda voz en pleno invierno, la nieve cayendo y el viento soplando y yo que voy a publicar tu foto en la prensa a toda voz con mi trapeador, o llamando al 443025 con Isaac Delgado. Despierto y me acuesto con música, tengo que oír música a toda hora; la que sea, no importa pero necesito  algo de fondo para mover el esqueleto. Y, bueno, estoy enamorada a morir de The Tragically Hip. No puedo vivir sin ellos.

11698658_10153269076629193_2523090415585973070_nDespués de todo me alegro de estar en Lancaster Park. Detesto las grandes ciudades con tanto bullicio y tanta vorágine. Ni la Habana me gustó nunca por eso, mucha gente. Pero si me preguntan por el país, de Canadá me gusta todo. Las estaciones son diferentes y cada una tiene sus cosas buenas y malas. El verano no es tan caluroso como en Cuba pero la mosquitera es la misma; si no te echas repelente te comen vivo. La humedad relativa puede ser bastante alta dependiendo en qué provincia de Canadá estés; de todas maneras no es lo mismo, y para los cubanos es bastante soportable.

Con el otoño uno nunca se aburre de ver los árboles como se ponen rojos, amarillos y carmelitas antes de secarse y quedarse pelados. El aire huele distinto, no sé cómo explicarlo, pero el otoño tiene su olor particular. Como el clima se va enfriando ahí es cuando te vistes con botines y chaquetas aunque todavía te puedes poner vestidos; es la mejor estación para vestirse bien antes de que entre la bestia del invierno: todo blanco alrededor de uno: el cielo blanco, la tierra blanca. Si tienes buenas botas, un gorro y un abrigo poderoso no importa que la temperatura baje a -30° C porque estarás bien. Cuando todo está cubierto de nieve es como si los sonidos se acallaran, predomina la calma, el aire se vuelve sereno y diáfano, blanco. Ya yo me he acostumbrado al frío de tal manera que en el verano extraño esa cosquillita en la piel, como cuando entras a una habitación con aire acondicionado después de haber caminado bajo el sol.

Lo primero que piensa la gente es que mi marido tiene como ochenta años y que yo lo conocí en el corredor de La Begonia jineteando y no fue así

A Canadá “me trajo mi marido”. Lo primero que piensa la gente es que mi marido tiene como ochenta años y que yo lo conocí en el corredor de La Begonia jineteando y no fue así. Cuando estaba en la universidad, si te ponías dichoso las prácticas pre-profesionales eran con las agencias de turismo, llevando turistas del aeropuerto al hotel y viceversa, luchando propinas a derecha e izquierda, ya fuera por habilidades lingüísticas, carisma, humor, y/o blusas escotadas. En uno de esos viajes al hotel conocí a un muchacho un año mayor que yo, acabado de llegar a Cuba por primera vez de vacaciones con su familia. Me tocó llevarlo al hotel, y aunque hubo sus miradas pícaras (por lo menos para mí aquello fue a primera vista, ¡qué cursi por tu vida!) no pasó nada, pero cuando hubo que llevarlo de regreso al aeropuerto, resulta que me tocó hacer de guía en el bus, y ahí sí intercambiamos email. Y ya, nos escribimos diariamente; yo era punto fijo en el laboratorio de informática en la universidad, y en la oficina de eventos de la Dirección de Cultura. El que me barajara mi tiempo de máquina estaba loco. Luego nos casamos, etc, etc…

No tenía ni puta idea de lo que iba a encontrar fuera de Cuba, solo sabía que venía a estar con mi marido. Lo demás, ni idea; he hallado tolerancia y hasta ahora nunca he experimentado la discriminación en carne propia. La cultura es muy diversa pero lo que me fascina es que todavía exista la cultura aborigen; en Cuba no quedó casi nada comparado con lo que hay aquí. Todavía no he tenido oportunidad de compartir con alguien, pero es cuestión de tiempo, cuando conozca algún nativo lo acribillaré a preguntas.

Soy una gente muy tolerante, tan tolerante que más a menudo de lo que sería recomendable la gente me coge la baja y me pasa por arriba con carretas y carretones. Así y todo, acepto a todo el mundo. Y ahora que lo pienso nunca comparo a los canadienses con los cubanos; los cubanos somos únicos, ¡qué pasa!

988393_10152113038229193_841867714_nEl día en que me dijeron que existían otros idiomas, como a los 4 años, fue una revelación tan grande que nunca me he repuesto de la curiosidad enorme que se despertó ese día. Si por mí fuera hablaría todos los idiomas del mundo. Cuando mi hermano estaba en la secundaria y yo en la primaria lo esperaba para preguntarle si había aprendido palabras nuevas en inglés. Al empezar Lengua Inglesa ya había pasado por la escuela de Idiomas, pero decidí hacer el concurso por la prueba de ingreso porque quería, necesitaba aprender más. Vivir aquí y escuchar los distintos acentos, descubrir palabras, conocer referencias culturales, comprender cómo se forman nuevos términos, ver como se amplían o reducen en su significado, eso  para mí es fascinante. De ahí que sea tan triste que no encuentre trabajo en mi área. ¡Tengo quijada, pero no me dan pan! Tristemente aquí no hay trabajo para traductores, así que el diploma con el título de la universidad no está ni en la pared. Pero, como sé tres idiomas, hablo como un perico. Vengo de una isla donde hay solidaridad de todos los colores así que trabajé como agente de servicio al cliente hasta que lo dejé. El idioma me gustó desde siempre.

Sé que existen comunidades hispanas, pero nunca las he visitado, y si hay cubanos están escondidos. En Edmonton existe un solo restaurante de comida cubana y es… ¡coreano!, sirve dos o tres platos de comida cubana. El pediatra de mis hijos es Colombiano, y su secretaria es latina, pero no sé de dónde. Con ellos hablo español formal. Ahora soy ama de casa y madre de dos bolas de humo. Insertarme son otros 20 pesos.

12072627_10153443915894193_2658117101149310877_nMis recorridos diarios se limitan a las distancias que se puedan hacer a pie, sigo sin aprender a manejar, me da miedo miedísimo… Otro recorrido que no he emprendido otra vez es el viaje a Cuba; vergonzoso, pero cierto; y eso que a mis hijos les hablo constantemente, mucho; ven videos, comen comida cubana, oyen la música… les encanta Compay Segundo, ¡y si los oyen cantando Hasta que se seque el malecón!, se desmayan de la risa. En YouTube hay videos de gente recorriendo los parques y las calles de Holguín, los vemos juntos y les digo: “Miren, por ahí iba yo a comprar naranjas”; “sí, eso es un coche con un caballo”; “vieron qué bicicleta más rara, con un asiento en el costado, es un bicitaxi”. El día empieza para mí con mis hijos, porque ellos son los que me despiertan a besos, y termina en mi reloj, porque si dejo de ver la hora no me duermo. Mis padres vinieron cuando nació mi hija, estaba trabajando y se pudo pagar el viaje. Pero hasta ahora he enfrentado sola la maternidad. Mi marido es soldado y Canadá tiene tropas en muchos países donde hay guerra. Si un día parte a una misión donde el jején puso el huevo y pasa lo indecible: veo el carro al frente y la gente uniformada en mi puerta como aquella escena de Algo más que soñar, mandaré a buscar a mis padres y aguantaré la respiración hasta que lleguen antes de romperme en mil pedazos. Y si algún día el ejército canadiense nos manda cerca del mar me gustará más; entonces Canadá olería a sal.


Karina Hernández nació en Holguín hace suficiente tiempo como para no revelar en qué año. Vivió cerca del hospital Lenin hasta radicarse en Canadá. En la Universidad Oscar Lucero Moya estudió Lengua Inglesa con Francés. Ahora trabaja en la casa y vive en Alberta con su esposo, dos hijos y una perra, según advierte: más loca que una chiva.

Fotos: cortesía de la autora.

Anuncios