El toro de Osborne

trayectos

“Regresar a mi país y retomar la vida, tanto laboral como cotidiana, fue un proceso que me llevó a filosofar nuevamente sobre el tema de la vida y sus escenarios”.

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Gilberto

trayectos

“Gilberto había pasado cuarenta años viajando, cambiando su hogar o, mejor dicho, llevándolo consigo, en su guitarra. Él pertenecía a tantos sitios que ya no era de ninguno.”

Imaginarias

poesía, trayectos

De su Libro de las conversiones imaginarias, ofrecido por el poeta y ensayista cubano Jorge Luis Arcos, nos fue difícil componer la selección adecuada para los lectores de este magazín. Todos los textos nos parecían propicios, y a todos los queríamos incluir para que nadie se perdiera su fibra. Pero, como no se trata de reproducir el poemario compuesto por versos que escribiera entre La Habana, Madrid y Bariloche a lo largo de unos doce años, aquí esta selección caprichosa y causal. Cinco. Aquí cinco poemas de un maestro que nos honra con sus versos y con quien damos la bienvenida a la Poesía.

Mails desde Catalunya

correos

Dos cubanas amigas de esta publicación radicadas en Barcelona nos han venido contando sobre lo que allí se vive en relación al auge independentista. Hoy, en una semana decisiva para este conflicto de dimensiones crecientes, lo reproducimos a nuestros lectores.

Con sus textos inauguramos una sección a la que hemos llamado “Correos”, para que así quienes quieran, en pocas palabras, opinen sobre los conflictos que en su entorno se desarrollan.


Cosette Sicilia Bidopia y Sandra Guerra


  • Los inmigrantes quedamos un poco al margen de este conflicto

Cuando llegué a Barcelona allá por el año 2006 no había ningún problema con la independencia de Cataluña, ha sido a raíz de la crisis económica mundial cuando el partido gobernante del parlamento Catalán se sumó a los partidarios de la independencia por el auge para ganar mayoría de votos y seguir gobernando.

Actualmente en el  Parlamento Catalán hay una mayoría simple de independentistas, y están aprobando leyes para la desconexión de Catalunya del resto de España, cosa que según la Constitución Española de 1978 es imposible porque la autonomía del pueblo español parte de todos los españoles, y es soberana, así que el conflicto está servido. Hace poco hubo un referendo de autodeterminación en Catalunya, pero el gobierno central lo consideró ilegal y hubo disturbios el día de la votación (1 de Octubre), porque muchos Catalanes quieren votar para decidir el futuro político de la misma.

Al día de hoy muchas empresas y bancos están cambiando sus sedes sociales para ampararse en el marco europeo y garantizar los derechos de trabajadores y clientes. Hay conflictos y tensiones en poblaciones pequeñas por el proceso independentista, se prevén boicots a productos Catalanes que se venden en el resto de España. La situación es tensa entre los gobiernos y se buscan mediadores internacionales o europeos para llegar a una solución que contente a ambas partes.

A nivel personal, trabajo en un hotel y vivimos del turismo por lo que no nos conviene que esta situación se prolongue durante mucho tiempo. Barcelona es una de las ciudades más visitadas de Europa, pero la inestabilidad política puede llevar a que deje de serlo. Socialmente no he tenido problemas ya que no somos activos en pronunciarnos a favor o en contra, aunque creemos que la independencia no traerá nada positivo. Vivimos en una ciudad muy cosmopolita donde hay gente de todo el mundo, no hay conflictos por esta cuestión. Ha habido algún percance puntual, pero radicales hay en todas partes.

Los inmigrantes quedamos un poco al margen de este conflicto y esperamos que se solucione de alguna manera o convoquen elecciones autonómicas para elegir otros gobernantes que sean capaces de solucionarlo.

Un saludo desde la ciudad condal!

Cosette.

 

  • Están dividiendo la sociedad catalana

Familia,

Esta es mi humilde opinión, tengan en cuenta que yo crecí sin el yugo de la corona Española, gracias a nuestros mambises. Así que es mi opinión desde el punto de vista racional, sin el corazón envuelto en bandera alguna. Sólo bajo la cubana.

Nada de lo que vean es exageración, esto está cada vez peor. Hoy a las 9 habla el Rey, espero no sea para peor pues cada vez que Rajoy abre la boca se lía más esto. Jamás había visto político menos coherente, es como si viviera en una realidad paralela. Estoy acostumbrada a líderes con cerebro.

Nosotros no votamos pues no tenemos ciudadanía pero la represión del domingo fue muy fuerte. Vi un jefe de policía bajar a dar órdenes a los furgones para ocupar el colegio del Barrio y me pareció ver a mi padre, el pobre tenía los hombros cargado y una cara de tristeza terrible.

Los de aquí y los de Madrid no han sabido arreglar en las cortes ni en congreso, y con diálogo las contradicciones se han convertido en antagónicas y han enfrentado el pueblo a las fuerzas del orden.

Pues claro, la votación era ilegal, pues la constitución la prohíbe,  pero los catalanes como estamos en democracia exigen el derecho a votar. Ahora la extrema izquierda, separatista, la CUP (que además crearon los CDR, los comité de densa del referendum) que ya había anunciado desde el 23 de septiembre que el 3 íbamos a la huelga general para declarar a independencia, después  de lo del domingo viraron la torta y ahora tienen más seguidores,  hoy la huelga y la gente en la calle según dicen es para denunciar los hechos de fuerza del domingo (800 heridos, 2 de gravedad).

Resumiendo, hasta Tere que no quería la independencia, después del 1 quiere la independencia.

El gobierno catalán dice que habrá huelga hasta que se declare independiente y el gobierno español que actuará con el artículo 155 de la constitución, que resumiendo es ocupar Cataluña con la carta magna.

Están dividiendo la sociedad catalana y la española y lo peor que los que empujan son la burguesía luchando por el poder económico y el pueblo manipulado es el que se enfrenta porque la policía también es pueblo y tiene familia.

En fin, esto es un pequeño resumen, nosotros y nuestros amigos estamos bien, los que votaron lograron hacerlo sin problemas. Mientras tanto a la espera de que esto termine de la mejor manera.

De todas formas si no es así nos iremos a reconstruir la Isla que a mi juicio es más productivo.

Saludos a todos y un abrazo fuerte

Sandra


La foto de portada pertenece a Marc Sendra Martorell.

Como las clases medias mexicanas

registro de un observador

Mi vida se permeó de una atmósfera nueva a partir de ese momento, era como si de pronto hubiera dejado de pertenecer a esa clase media con pretensiones y hubiera escalado a una desde la cual podía conocer el otro lado del mundo sin necesidad de endeudarme.


marcoMarco Antonio Franco Flores vive en Ciudad de México


En noviembre del 2005 estudiaba el séptimo semestre de la licenciatura en Ciencia Política y Administración Pública en la Universidad Nacional Autónoma de México, una universidad pública, gratuita y de gran prestigio en el ámbito local e internacional. Mi tío Francisco Díaz me llamó por teléfono para preguntar si me interesaba viajar a China, con todos los gastos pagados, lo cual me sorprendió y emocionó mucho. Formo parte de esa clase media mexicana que difícilmente puede realizar un viaje tan costoso, ya que carece de la posibilidad de viajar a un país tan lejano con el ahorro de unos meses, menos con los de unas semanas.

Generalmente las clases medias en México sueñan con tener más de lo que realmente pueden conseguir, viven un poco el modo de vida “gringo o yanqui ”, ese que sueña con tener su gran casa alejada de los pobres, un gran auto a pesar de dejar sus tarjetas de crédito endeudadas y vestir a la moda, aunque la moda sea la llamada “Fast Fashion”; dicho de otra forma, sueñan con ser como las clases que no se endeudan para lograr tener todo lo anterior, y entre ello un viaje a China. Quizá por representar fielmente esa clase me emocioné hasta los nervios y le dije a mi tío que sí, que iría.

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Mi vida se permeó de una atmósfera nueva a partir de ese momento, era como si de pronto hubiera dejado de pertenecer a esa clase media con pretensiones y hubiera escalado a una desde la cual podía conocer el otro lado del mundo sin necesidad de endeudarme. Me veía en la Gran Muralla China observando el horizonte como aquellos guerreros que desde ahí esperaban a sus enemigos para aniquilarlos.

Pasaron unos días y comencé a concretar los trámites. Mi tío, quien me había preguntado si tenía Visa Americana, a lo cual contesté que no, había hecho la compra de los boletos. Haríamos escala de cuarenta y ocho horas en Madrid y Amsterdam antes de pisar el país oriental donde permaneceríamos dos semanas. El regreso tendría las mismas escalas e igual cantidad de días.

Obtuve el pasaporte sin ningún contratiempo y del mismo modo concreté el visado. Tenía todo en regla para el viaje, aunque lo emprendería sin saber chino ni inglés; por cierto, ¿a qué iría a China? Mi tío me dijo que a realizar unas compras y yo no objeté nada, pero conforme se acercaba la fecha me aclaró que era para realizar un viaje de turismo y de paso comprar ropa; algo así como ir de compras a China porque sí.

Saldríamos de la Ciudad de México el viernes 2 de diciembre a las once de la noche y arribaríamos a Madrid en la mañana del día siguiente. Me encargué de avisarle a algunos profesores de la universidad; también a mi novia de entonces. Ella se puso muy contenta por el viaje, tanto que hasta le hizo saber a sus hermanos y padres, quienes con gran cortesía me regalaron unos euros que tenían guardados por ahí. También ellos tenían acostumbrado viajar a Francia en verano para visitar a una hermana y como a veces les quedaban algunas monedas y billetes los compartieron conmigo.

Por cierto, ¿a qué iría a China? Mi tío me dijo que a realizar compras y yo no objeté nada, pero conforme se acercaba la fecha me aclaró que era para un viaje de turismo y de paso para comprar ropa; algo así como ir de compras a China porque sí.

Era la primera vez que saldría del país. La emoción crecía. Se trataba de cruzar “el charco”. Viviría algo inédito. Con otro tío conseguí una cámara de video para grabar lo más destacado del viaje. La noche previa no podía dormir de la emoción imaginando cómo sería estar en pleno Beijín sin saber nada del idioma local, aunque me consolaba sabiendo que mi tío, quien iba como por cuarta vez en el año, ya sabía la manera de comunicarse valiéndose del inglés como lengua “neutral”, acompañándose de las señas.

Finalmente llegó el día. Me levanté temprano a terminar de acomodar la ropa bastante organizada ya. Por la tarde mi padre, mi novia y un amigo me llevaron al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, Benito Juárez. Llegamos puntuales, justo tres horas antes del despegue, tal como lo indican las reglas internacionales de aviación. Mi tío apareció escasos minutos después. Documentamos el equipaje, me despedí de mis acompañantes y junto a mi tío ingresé en la sala de espera.

Sin mayores contratiempos abordamos el vuelo, despegamos y luego de un par de horas el piloto anunció zona de turbulencias. El mapa indicaba que estábamos volando sobre Florida, Estados Unidos y ya empezaba a sentirme lejos de casa. Pasó una hora más y llegó la hora de la cena. No recuerdo qué dieron pero tengo fijado perfectamente que había vino tinto y para celebrar el viaje hice un brindis con mi tío. Lo grabé con la cámara, que no sabía usar a la perfección y, por cierto, estaba con la batería a menos de la mitad.

Pasaron varias horas luego de la cena y mi tío y yo nos quedamos dormidos. Luego fuimos sorprendidos por la voz del piloto, anunciaba que prácticamente sobrevolábamos Portugal. Por la ventana se veía un espacio lleno de luz y alcanzaba a observar algunas poblaciones. ¡Europa estaba a la vista! Minutos después anunció que estábamos por aterrizar en el Aeropuerto de Madrid-Barajas. Habíamos llegado a España.

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Recogimos los equipajes, conseguimos un mapa de Madrid y localizamos una zona de hostales para dormir. En la noche del día siguiente viajaríamos a Ámsterdam.

El primer contacto con España y los españoles ocurrió en una oficina de Migración, sin ningún problema salvo la mirada inquisitoria del guardia que observaba fijamente mi pasaporte y posteriormente mi rostro, como esperando algún error de mi parte para impedirme el paso. Yo estaba sonriente por haber cruzado “el charco”, pero el oficial no cambiaba el gesto hasta que dijo: “Adelante”, en tono imperativo –quizá imperativo para quienes venimos de la América Latina, que aún se siente agraviada por el saqueo durante la colonia y que no es más que un resentimiento que hay que dejar atrás o resignificar– mientras apuntaba a la salida.

Mis primeros pasos por Madrid fueron en el metro, que comparaba con el de la Ciudad de México. Este era un metro aseado, sin la sobrepoblación en los vagones, sin vendedores ambulantes; aunque con músicos de esos que piden una moneda a cambio de una canción. No recuerdo el género, eran hombres de tez negra y llevaban saxofones y violines; tocaban con tal armonía que debí regalarles una moneda de un euro. Luego de ponérsela delante reparé en que  había entregado el equivalente a 15 pesos mexicanos. Con relación a mis posibilidades económicas era una locura, sobre todo si consideraba que con 30 pesos podía vivir un día en mi ciudad.

Después de regalar medio día mexicano llegamos a una estación muy cerca de la Plaza Puerta del Sol. Lo primero que hice fue sacar la cámara y grabar imágenes de Madrid. Estas debían haber contenido mucha gente con banderas españolas, algo que llamó mi atención, parecía un mitin político. Luego supe que el presidente José María Aznar festejaba el día de la Constitución española (según me comentó el recepcionista del hostal en el que dormimos. La Constitución cumple años el 6 de diciembre pero por algún motivo, que nunca supe, se festejaba ese fin de semana). Grabé durante algunos minutos pero acabé guardando la cámara, la batería estaba casi descargada.

Caminamos mucho hasta encontrar un hostal de buen precio. Era casi la una de la tarde y el famoso Jet Lag se estaba haciendo presente, no sabía qué hora era en México ni me importaba pero estaba cagado de sueño, se me cerraban los ojos como cuando sufría desvelos, padecía resaca o viajaba en colectivos llenos en las mañanas frías para irme a la universidad. No podía mantener los ojos abiertos y al llegar a la habitación me tiré a la cama. Mi tío hizo lo mismo, dormimos y despertamos a las seis de la tarde.

Habíamos perdido casi cinco horas durmiendo, dejamos de conocer lugares que sólo se pueden apreciar de día, como algunos museos; sin embargo platicamos y acordamos que el domingo sería un día para caminar, conocer y recorrer el famoso Museo del Prado.

Intenté cargar la batería de la cámara  pero no tuve éxito debido a que ignoraba que las conexiones eléctricas no son iguales en todo el mundo. Me sentí muy frustrado. No había podido grabar gran cosa y decidí que en lo adelante grabaría hasta donde la batería lo permitiera.

Madrid fotos Kaloian-10Encontramos un lugar de nombre VIPS. Cenamos un tipo de pasta no recordable más que por la anécdota. Luego caminamos por la famosa Gran Vía, llegamos a las no menos famosas Fuente de Cibeles y la Puerta de Alcalá. La vista era muy interesante y linda, quizá por lo novedosa para mi vida o quizá porque simplemente así es ese pedacito de Madrid, realmente inolvidable.

Decidimos buscar algún bar para probar las famosas tapas españolas. En el camino liquidé la batería grabando todo lo que veía. Llegamos al bar en medio de una lluvia y con un descenso de la temperatura algo agresivo. Se registraban cerca de 4 grados y si no sufrimos frío fue porque íbamos muy bien cubiertos y porque en la Ciudad de México a veces ese clima no es ajeno y estábamos ligeramente acostumbrados.

En el bar probamos las tapas: pan con jamón serrano y queso manchego, un autentico manjar para nuestros paladares. No sé exactamente cómo describir los sabores, que aunque no me eran ajenos, ahí, en esa atmósfera y a lo mejor por aquel vino tinto español, alcanzaron un rincón muy especial de mi memoria y me dejaron muy satisfecho y contento. Las tapas y el vino pusieron mis pies sobre la tierra, me sentía realmente en España aunque no hubiera tenido gran contacto con los españoles. A las doce y media de la madrugada decidimos volver al hostal para descansar y continuar el viaje al siguiente día.

Platicamos poco mi tío y yo, él durmió mucho durante el vuelo, yo vi una película con la hermosa Scarlett Johansson, con quien no me pude concentrar demasiado pues a cada minuto me estremecía con mi infortunio.

Pusimos las alarmas para levantarnos a las ocho y treinta, con la idea de conocer un poco más durante la jornada del domingo.Platicamos de lo interesante que habían sido el recorrido, luego nos dimos las buenas noches y nos dormimos. De pronto, apenas una hora después, mi tío se despertó abruptamente diciéndome que le dolía la cabeza, que se tomaría algún medicamento y así lo hizo. Se volvió a acostar y a dormir pero como una hora después volvió a despertarse adolorido, juraba que con cada minuto la molestia se hacía más grande. Me preguntó si lo quería acompañar al médico; yo no entendía lo que le estaba pasando de manera que mi tío salió y regresó con la noticia de que se sentía tan mal que había decidido cancelar el resto del viaje a China, y que por tal motivo había hecho un cambio de vuelo. Regresaríamos a México en la mañana. Estuve un rato pensando en lo que me había dicho hasta que caí en la decepción. Entonces volví a dormirme.

Despertamos a las siete de la mañana y nos pusimos a guardar el equipaje. Avisamos a la familia que debíamos regresar y salimos al aeropuerto. Platicamos poco mi tío y yo, él durmió mucho durante el vuelo, yo vi una película con la hermosa Scarlett Johansson, con quien no me pude concentrar demasiado pues a cada minuto me estremecía con mi infortunio.

En México nos esperaban mi padre, mi novia y uno de mis amigos. Mi padre decidió llevar a mi tío a su casa y yo me fui con mi novia, quien me había esperado ridículamente con un ramo de flores; ridículamente digo porque mi viaje duró aproximadamente 48 horas y me parecía una burla, sentía que vivía el momento más patético de mi vida.

Tuve que reconfortarme riéndome de la situación, explicando a mis amigos con sarcasmo que solo había ido a cenar a Madrid un fin de semana, como lo hacen las grandes burguesías de México, esas que no saben en qué gastar su dinero y de pronto se arman un viaje a Estados Unidos o Europa para festejar o comprar alguna frivolidad.

Madrid fotos Kaloian-17

Al pasar de los días platiqué con mi tío sobre su estado de salud y me comentó que el médico le había diagnosticado una posible embolia debido a que había viajado mucho ese año y había subido mucho de peso. Todo eso le estaba causando el problema de presión que le había originado el fuerte dolor de cabeza. Luego me explicó que había decidido, correctamente desde mi punto vista, volver a México porque en Ámsterdam sería muy costoso presentarse a un médico y que en China no tendría muchas posibilidades de entenderse con ninguno.

Estuve un poco frustrado por ese tiempo, pero después comprendí que esa microhistoria de mi vida había sido un parte aguas y un verdadero estímulo para intentar salir al mundo y conocer otros lugares distintos. Hoy, cuando recuerdo ese viaje me río de la situación y disfruto porque mi memoria sea lo suficientemente benévola como para no hacerme olvidar los detalles descritos. Unas semanas después del regreso llevé el cassette de video a un amigo para que lo pasara a un formato de disco compacto y nunca lo pudo pasar. Quedó traspapelado entre los múltiples cachivaches de su casa y un día desapareció.

Hoy digo con ironía y un acento “fresa” (o como dicen en España: pijo; en Argentina: cheto; en Colombia: gomelo, en Cuba: Mikey; en Venezuela: sifrino; etc…), que me fui de fin de semana a España para subrayar que mi posición social sí me permite salir a Europa un viernes y regresar el domingo. Como si fuera un gran logro ostentar, al estilo de las clases medias mexicanas.


Marco Antonio Franco Flores es mexicano, analista político y de medios de comunicación en su país; politólogo por la Universidad Nacional Autónoma y pasante de maestría en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina. Ha trabajado en libros y revistas académicas dedicadas al análisis de la enseñanza de las Ciencias Sociales y ha colaborado con el periódico El Universal, en México.

fotos de Scott Umstatt, Frank Lopez y Kaloian Santos Cabrera.

Con un campo de trigo

trayectos

La ruta Los Balcanes es un trayecto incorporado al mapa que dibujan por el mundo los cubanos que abandonan la isla. La historia de Gretell, su esposo Albert y el pequeño Kevin, quienes dieron la cara a lo incógnito en 2014 con tal de cumplir un deseo, así lo prueba


gretel (1) Gretell Aguirre trabaja de camarera en diversos restaurantes de Madrid


Por ese tiempo mi amiga La China, un travesti, se había ido por Serbia, cruzó la frontera de Hungría y estaba en un campo de emigrantes. Yo había llamado a la mamá para saber de su paradero y me dio un consejo bastante desalentador; acababan de retornar, de la peor manera, a unos vecinos suyos y me advertía lo que podría pasarme si me iba por ahí. Así y todo llamé a la embajada, quería saber si Serbia seguía siendo libre visado para los cubanos. Me atendió una señora muy amable que preguntó el propósito del viaje. No se me ocurrió nada mejor y le dije que íbamos de luna de miel. Cuando colgué el teléfono tenía a mi marido delante, sonriente me dijo: “Buena idea, legalizamos el matrimonio”.

Fue una semana de correr y  juntar papeles que seguramente nos harían falta. Mi suegra y yo preparamos una lista, entre las cosas a priorizar, por supuesto, debía localizar un vestido de novia. El 28 de febrero hicimos la boda, pequeñita, y Kevin, mi hijo de ocho años, estaba que no cabía de felicidad. Fue él quien me entregó al novio.

Luego sacamos pasaje y el 6 de marzo salimos de La Habana rumbo a Serbia con una escala de siete horas en Rusia. Nos quedamos asombrados de tanta belleza en el aeropuerto de Moscú: perfumes, elegancia. Kevin se veía muy contento aunque había salido enfermito, con una tos un poco rara, parecía asma; le habían recetado un medicamento en La Habana antes de salir y yo veía que no mejoraba.

ruta de cubanos a serbia

Infografía tomada del periodico catalán: La Vanguardia.

En Belgrado, al escuchar que éramos cubanos, como si le hablara a un animal un oficial de inmigración nos ordenó en inglés que nos situáramos al final de la fila.  Me sentí una judía en el fascismo, la verdad. Pasaron como dos horas hasta que nos llamara otra vez y lo primero que me preguntó fue el motivo de nuestro viaje. Respondí que estábamos de luna de miel (a todas estas Kevin pensaba que era así, que íbamos a Serbia de luna de miel, no sabía nada sobre nuestro plan de cruzar fronteras) y  se echó a reír, sarcástico me dijo: “¿A Serbia de luna de miel, por qué? “Es la única posibilidad de libre visado para un cubano interesado en conocer Europa”, dije y me respondió: “Tu sabes que no es verdad, siéntate”. Fui y me senté.

Lo veíamos caminar de un lado a otro, de una oficina a la otra con nuestros pasaportes. Luego se acercó para preguntarnos cuánto dinero llevábamos. Le respondí que tres mil euros, que nos quedaríamos en una pensión a la que podía llamar para asegurarse. Con la misma nos dio la espalda y se alejó. Como a los veinte minutos nos volvió a llamar para ponerle cuños a los pasaportes, y con la misma cara de perro nos dio la bienvenida al país. Le dimos las gracias, caminamos hasta una mesa próxima para pedirle a una chica que nos enviara en taxi y mientras la miraba comenté a mi marido que con la ayuda de Dios en poco tiempo estaríamos en España, a lo que escéptico me respondió con una pregunta: “¿Tú crees?”

aeropuerto de belgrado

Vista del Aeropuerto NIkola Tesla de Belgrado.

En cuanto llegamos a la pensión una señora amable nos dijo dónde comer, eran las dos de la madrugada y lo primero que probamos en Europa fueron unas pizzas margarita. Pasamos tres días paseando por la ciudad, por el centro. Desde la pensión  nos comunicábamos con La China, quien estaba buscando algún contacto que nos quisiera llevar hasta Hungría. Nadie quería hacerlo, es duro el control fronterizo para entrar a la Unión Europea y como las gestiones no daban resultado llamé a mi papá,  le conté que nadie se atrevía a llevarnos hasta España, que probablemente tuviéramos que pasar la frontera caminando. Su respuesta fue el clásico: “de los cobardes no se ha escrito nada”. Después  comencé a llorar, tenía mucho miedo, el niño se ponía cada vez peor por esa tos y me sentía insegura, es la peor sensación que yo haya podido experimentar.

Esa noche no pude dormir, Kevin tosía mucho y en una de esas se quedó sin respiración. Desesperada comencé a gritar y a darle palmadas por la espalda hasta lograr que respirara. Me puse a investigar en Google sobre los síntomas y di con la tos ferina y con que el medicamento que le habían mandado en Cuba lo ponía peor. De pronto recordé que en el barrio de Cuba había una niña con tos ferina, pero sus padres no lo habían podido decir porque unos amigos médicos los persuadieron; en no sé qué año Fidel había dicho que en Cuba se había erradicado la tos ferina, y como saben, eso era santa palabra, no se podía contradecir, debían mantener en silencio el verdadero diagnóstico.

Por suerte La China me puso en contacto con la persona que nos llevaría hasta la frontera, un muchacho con el que hablamos por teléfono y quedamos en vernos a la tarde. Esperó a unas manzanas de la pensión para decirnos que esa misma noche, a la siete, nos recogía en su carro y nos llevaría a los límites de Serbia, sin cruzar la frontera. Kevin había vomitado, tosía mucho por lo cual no sabía si arriesgarnos; pero, como decimos los cubanos, ya estábamos montados en el burro. Sacamos lo imprescindible de las maletas, y algunos recuerdos: el álbum de boda, unos viejitos de yeso que nos regaló una amiga ese día, una virgencita entregada por otra amiga para que nos acompañara, unas mantas y agua. Mi papá me había dicho que comprara un GPS pero a mí se me pasó.

la virgen de la caridad de cobre, en llavero

Virgen de la Caridad del Cobre (detalle).

Subimos al carro del muchacho a las siete y cuando estábamos dentro dibujó un plano en el que indicaba lo que debíamos hacer; apenas entendimos, solo teníamos claro que había que recorrer un camino en forma de C; imagínense. Ese mapa era lo único que teníamos y no lo quiso dejar por temor a que nos agarrara la policía de Serbia. A mitad de trayecto nos cambió a un taxi. Ya era de noche cuando él, que se había mantenido sin hablar una palabra hasta allí, nos dijo que desapareciéramos por una cuneta que se veía desde la carretera. Tratamos de preguntarle algo más y nos sacó repitiendo: “Vamos, vamos”.

Saltamos del auto y a pocos pasos encontramos una cerca. Albert pasó primero y cuando estaba del otro lado le hice llegar a Kevin y después las mochilas. Crucé de la misma forma, también por arriba. Seguí tras él  por un terreno arenoso algo raro, por el teléfono teníamos cinco grados de temperatura y para ganar tiempo empezamos a correr. Más adelante saltamos otra cerca y terminamos en medio de varios sembrados con casitas, como graneros.

Teníamos que movernos en silencio, La China nos había advertido que quienes vivían ahí tenían la obligación de informar a la guardia fronteriza en caso de descubrir intrusos; y así íbamos cuando sentimos a un animal que se nos venía encima y echamos a correr nuevamante. No sabíamos qué era, pero lo imaginamos enorme y no paramos hasta que lo dejamos atrás. Era un perro que debía cuidar ese territorio, porque a partir de un punto no nos persiguió más. Pero el incidente fue suficiente para que Kevin entrara en pánico y yo con él. Le decía a Albert que iba a regresar, me puse muy histérica y a él le tocó ponerse fuerte; se echó a Kevin en los hombros  y me dijo que ni loca podía virar.

Más tarde nos encontramos en un punto muerto, sin rumbo. Albert quería seguir caminando, haciendo una curva, y yo protestaba. “¿Pretendes darle la vuelta a Europa?”, le pregunté en una de esas, desesperada, y tuvimos que reírnos los tres; nosotros los cubanos igual que los delfines, con el agua hasta el cuello pero riéndonos. Echamos a andar otra vez. No veíamos nada y nos sentimos perdidos. Kevin se puso a llorar, me dijo que creía ser muy chiquito para esa aventura. Otra vez quise volver y Albert volvió a ponerse duro conmigo.

Al rato divisamos un hueco y paramos para beber agua. Era una especie de escalón en el terreno y me quedé con Kevin, pero Albert, que estaba inspeccionando, dio un resbalón y cayó en un agua apestosa. No sabíamos qué era aquello. Lo ayudé a salir y nos quedamos descansando y bebiendo agua con tanta suerte, y no siendo en vano todo lo que orábamos en ese mismo instante, que justo por encima del lugar pasó el carro de la guardia fronteriza de Serbia.

¿Qué iba a hacer? Me puse a gritar, que No, que no y llamé a Albert, que ya salía de donde estaba con Kevin en brazos. Se estaba metiendo las manos en el bolsillo, buscaba dinero por si había que sobornar, les preguntaba en inglés que dónde estamos, que si era Serbia aún. El policía entonces quiso calmarnos, dijo: “Tranquilos, tranquilos, ustedes están en Hungría”

No podíamos creer la suerte que habíamos tenido. Nos quedamos por un rato a la espera de que se alejaran y cuando no escuchamos más el sonido salimos. Veíamos un puente y caminamos para meternos por debajo. Llegamos a un sembrado inmenso de trigo. Y ahí, Dios mío, la cosa se puso fea: ¿han escuchado el dicho: “perdido en un campo de maíz”? Pues lo mismo nos pasó, pero con un campo de trigo. No sabíamos qué hacer, para donde mirábamos todo era igual y por momentos se nos metían los pies en riachuelos o qué sé yo era aquello, el caso es que se nos congelaban los pies. Ya no nos quedaba agua y el frío nos estaba desesperando. En medio de eso me pregunta Albert que qué hacíamos. Le respondí: “Vamos por aquí”. Yo solo oré y me dije: “mi único GPS eres tú, Dios mío, guíanos”. Albert tuvo que preguntar si estaba segura de lo que decía. Le dije: “Claro que estoy segura”.

Seguimos caminando en la nada hasta encontrarnos con una especie de ciudad abandonada, algo raro, como en las películas del oeste: un viejo teléfono, como una taberna, todo cerrado, ni un alma. Saltamos una reja muy grande que nos rompió los abrigos y vimos dos banderas, una era la de la Unión Europea y la otra, ¡cuánta ignorancia!, no sabíamos si era la de Hungría, pero yo miraba a mi izquierda y seguía viendo la frontera. Ansiosa llamé a La China y ella, desesperada, quiso saber si de verdad era la frontera. Le dije que sí, pero que ya no podíamos más y de pronto vimos un camionero, porque aquello era como un parqueo grande.

Albert esperanzado levantó la cabeza y me dijo: “Pídele ayuda, dale, que va en dirección al camión”; él estaba arreglándole las botas a Kevin y ahí mismo salí corriendo en dirección al hombre. No había avanzado ni diez metros cuando dos policías salieron de la nada exigiendo que levantara las manos. ¿Qué iba a hacer? Me puse a gritar, que No, que no y llamé a Albert, que ya salía de donde estaba con Kevin en brazos. Se estaba metiendo las manos en el bolsillo, buscaba dinero por si había que sobornar, les preguntaba en inglés que dónde estamos, que si era Serbia aún. El policía entonces quiso calmarnos, dijo: “Tranquilos, tranquilos, ustedes están en Hungría”.

Fue un momento inolvidable, nos abrazamos, llorábamos los tres, lloramos mucho. Cuando nos calmamos un policía preguntó si éramos de Pakistán. “No”, dijimos cada cual como pudo a la misma vez: “somos cubanos”. “¿Cubanos?”, preguntó el otro con asombro: “¿Pero qué hacen unos cubanos aquí?”

Al rato nos  montaron en un patrullero y nos llevaron a una estación. Aún recuerdo, en la patrulla tenían puesta la radio y sonaba una canción que a mi mamá le encanta, Stereo Love, de Edwards Maya. Tenía al niño cargado, me acerqué a Albert y le dije: “Yo creo que es una buena señal”.

En la estación nos quitaron las pertenencias; La China me había explicado cómo era el procedimiento así que no teníamos miedo. Nos desnudaron y nos revisaron. Había una policía con tremendo mal carácter que quería quitarle la ropa a Kevin, pero otra, desde que llegamos muy cariñosa con nosotros, le impidió hacerlo; sólo lo revisaron por encima de la ropa. Esa otra policía trataba de calmar al niño, le regaló caramelos de los que estaba comiendo y a nosotros nos ofreció algo caliente. Luego nos explicaron que nos iban a separar: Albert estaría en una celda y nosotros en otra,  con calefacción.

Al día siguiente Kevin amaneció muy mal, con mucha tos, vomitando. Había otra guardia muy HP, por cierto, pues le pedía que me dejara buscar los medicamentos y me respondía que no, que hasta que lo viera el médico. Compartiamos la celda con unas cuantas mujeres africanas, al despertar habían estado riéndose de mí y habían llegado a decirme: “Buenos días, princesa” (yo era la única blanca), pero cuando la cosa comenzó a ponerse tan fea con Kevin (había llegado la tarde y no venía ningún médico) todas se pusieron a discutir con la guardia. Se armó una que fueron los policías hombres a ver qué pasaba. Por fin me autorizaron a salir por el medicamento.

Todo el mundo tiene al menos una historia falsa para justificarse, pero tristemente la nuestra es verdadera: la dirección de la Vivienda en Holguín había falsificado mis expedientes; el propio gobierno, criminalística, la policía cubana comprobó la falsificación pero así y todo una mañana parquearon frente patrullas policiales, ambulancias y más de 25 personas de la Vivienda

Las mochilas estaban a la entrada de unas jaulas a la intemperie, cerca de donde dormían los hombres. Un policía que había visto la desesperación de Albert durante la noche gritó: “¡Cuba!” Albert salió del grupo y desesperado me abrazó, quería saber dónde habíamos estado. Le respondí: “Aquí mismo, adentro”. Pobre, no le habían puesto al tanto de nuestro paradero. “No sabes la noche que he pasado sin saber a donde los habían llevado”, dijo. En las mismas estaba un turco, quien me preguntó por su mujer, traía un bebé, habían llegado hacía como dos horas. Al menos pudo quedarse tranquilo porque le ratifiqué que los dos estaban conmigo, en la celda de mujeres y niños.

Kevin preguntaba: “¿Ma, estamos presos?”, y le tenía que decir: “No, mi amor, solo nos están cuidando”. Pero me respondía: “¿Y por qué hay rejas?” “Para protegernos”, volvía a decirle yo. El policía que me había dejado buscar las medicinas explicó que para salir rápido podría responder en inglés a una especie de entrevista obligatoria, que si esperábamos al traductor podía tardar. Respondí que prefería al traductor, que esperaríamos. Al fin, en la noche me llamaron con un grito, había llegado el traductor.

Nos pasaron a los tres a una sala y allí nos preguntaron si queríamos asilo político o regresar a nuestro país. Adivinen la respuesta. Todo el mundo tiene al menos una historia falsa para justificarse, pero tristemente la nuestra es verdadera: la dirección de la Vivienda en Holguín había falsificado mis expedientes; el propio gobierno, criminalística, la policía cubana comprobó la falsificación pero así y todo una mañana parquearon patrullas policiales, ambulancias y más de 25 personas de la Vivienda. Yo estaba en la casa de una vecina y me enteré a los gritos de otra: habían roto la puerta y salí corriendo. Se llevaban a mi marido preso y habían dejado al niño solo dentro de la casa, que al verse en aquella situación cogió un bate para defenderse. Empecé a darle golpes a la patrulla donde tenían a Albert y seguido fui hasta la casa. Unas policías mujeres me siguieron, esperaron que entrara y me redujeron, me golpearon, me dejaron los brazos llenos de moretones delante de mi hijo. Al final levantaron una pared y dividieron mi casa. Dejaron todas las pertenencias tiradas en el pasillo llenas de mezcla. Estuve llorando por días y la única solución que vi fue poner el cartel:  “Se Vende” en la parte que me dejaron; con suerte vendí rápido.

Así estuve aquella noche, contando nuestra historia y pidiéndole asilo en su país. El policía entregó unos papeles con los que nos enviaba a un campo de inmigrantes en Debrecen. Me dio tremenda alegría escucharlo; ahí mismo estaba La China. De cuatro campos de emigrantes que había, nos enviaban justo a ese.

La China nos esperaba en la estación, con Rafa, su amiga travesti también que había sido su compañera de viaje. A las dos las habían echado de la estación (en Hungría hay mucha homofobia), pero allí estaban, afuera, muertas de frio, esperando. Nos dimos el abrazo más feliz que se puede dar. Noté flaquita a mi pobre chinita, me dio tanta nostalgia recordar las cosas que habíamos vivido en Cuba.

En el Centro de Emigrantes me dieron una casita frente a la de ellas. Había gente de todos los países allí, muchas culturas juntas; conocimos a otra pareja de cubanos con dos niños que hasta habían aprendido el húngaro y el inglés porque tenían una escuela en el centro. También había un hospital psiquiátrico y una cárcel. Aquello era para volverse loco, pasábamos con los travestis por la cárcel y se burlaban de ellas; por el hospital lo mismo.

Paseamos la ciudad y nos compramos ropa. La salud de Kevin mejoraba y por la felicidad que tenía no parábamos de reírnos. Al cuarto día hablamos con unos árabes, eran ellos quienes llevaban ese negocio: nos llevaron hasta un garaje donde nos esperaba un muchacho para llevarnos hasta Alemania. Pero, ¿en Alemania que haríamos para llegar a España? Mi papá estaba en Madrid, sin papeles también, no podía ir a buscarnos. Seguía la desesperación, hasta que recibo la llamada de mi mamá diciéndome que Agustín, un español casado con María Elena, una cubanísima amiga nuestra de años, le había llamado para decirle que se atrevía a buscarnos a Alemania, que lo acompañara, que todo iría bien.

Salimos rumbo a Alemania. La frontera de Austria estaba muy controlada, pero la pasamos sin problemas. Llegamos a una ciudad donde nos esperaba otro amigo de mi mamá quien nos dio comida y dormitorio.

A las 5 de la mañana tocaron la puerta, eran mi papá y Agustín: ese valiente que regresó a España con su carro lleno de emigrantes indocumentados. No recuerdo cuántas horas exactamente, pero fueron demasiadas. Aún seguíamos deslumbrados con el mundo. Llegamos en la madrugada, ¡tantas veces di gracias a Dios!: ¡qué bonito Madrid! Cuando encontré a mi mamá esperándonos a la entrada del edificio no sé cuántos abrazos, besos, saltos de alegría. Era increíble, y, como imagino pase a todos los emigrantes, llegué a pensar que la cosa había terminado ahí; y no, a partir de ese momento es cuando hay que ponerse valiente y eso es lo que no sabe nadie.

 


Gretell Aguirre cursó el nivel elemental de Danza en la Escuela Vocacional de Artes de Holguín y más tarde comenzó la carrera de Derecho en la Universidad Oscar Lucero. En la actualidad vive en Madrid, donde ha ejercido de camarera en diversos restaurantes.

Fotos principal: Glenn Carstens Peters