Japón era mi amiga íntima del colegio. Los tejidos de su madre. Japón eran la guerra y las películas de artes marciales. Las finales de fútbol. Luego, con el tiempo, fueron las técnicas de teatro; el Kabuki y el Buto era Japón. Fue un tsunami un día. Menos de dos semanas allí sirvieron para generar cientos de preguntas y ninguna respuesta. De ahí esta reflexión sobre el silencio, el silencio en el que se sumergia mi cuerpo al transitarlo“.

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Japón, un silencio atómico

registro de un observador